Posted: Diciembre 13th, 2009 | Author: Rocío Silva Santisteban | Filed under: Uncategorized | Tags: Putis Impunidad Guerra Interna CVR | 1 Comment »

Ropa de bebé encontrada en la fosa común: asesinaron a 30 a niños.
Hoy se cumplen 25 años de impunidad.
Una mujer campesina ha descubierto, de nuevo, el peor dolor que puede haber en un corazón: la certeza del asesinato de una hija. Ahí, entre los huesos que se encuentran en la fosa común, hay un ganchito de pelo, en realidad un “pilimili” de conejitos, lleno de tierra, sucio, roto… quizás lo usó para arreglarle el cabello a su niña en el último día de su vida. “Guaguay”, exclama la mujer. Han pasado 24 años y esa niña de la que ahora sólo quedan restos abaleados con municiones que dicen FAME (Fábrica de Armamento y Municiones del Ejército) hubiera podido darle nietos y entregarle una sonrisa. Pero hoy sólo hay lágrimas, indignación, frustración.
Los militares destacados en Putis (oficial “Lalo”, teniente “Barreta” y comandante “Oscar”) les habían pedido a los campesinos que caven un hueco engañándolos con el cuento de la pisci-granja. Mientras los hombres cavaban, a las mujeres las violaban (las marcaban, las “cavaban”, las humillaban). Los niños, no uno ni dos, más de 30 niños, también fueron abaleados.
Una de las razones que alega el Informe Final de la CVR para cometer este crimen fue el desprecio de los militares hacia seres humanos considerados como “terrucos” pero otra, no menos perversa, fue la búsqueda de lucro al asesinar a campesinos que poseían ganado y poder quedarse con él para rematarlo en el mercado de Marccaraccay. Una supuesta piscigranja con más de noventa cadáveres no es un exceso: es el resultado de una manera de pensar autoritaria que considera al otro como un desecho.
Las fotos que ha tomado Domingo Giribaldi de los “restos” de este grupo de campesinos considerados por los militares como “restos” nos enfrentan a nuestra fractura social y a las lógicas perversas que han recorrido nuestras instituciones. Además evidencian una opinión pública centralista, limeña y satisfecha en sus espacios de bienestar impolutos y lejanos. Esa perversión debemos erradicarla para siempre.
Hoy después de veinte años, Putis nos muestra las profundas huellas de crueldad y laceración que les tocó vivir a sus habitantes. Felizmente nunca es tarde para la indignación. “Soy un sobreviviente de la violencia política. Yo también soy peruano” con estas palabras Rogelio Cusichi, uno de los testigos del genocidio de Putis, inició su relato de los hechos en una conferencia en la Universidad Católica a mediados de 2009. Terminó así: “hermanos tengan en cuenta, ustedes que son estudiantes, que la dignidad de los campesinos no es respetada como se debe, pero nosotros estamos buscando justicia…”
La historia de Putis en comic en la pluma de Rosell-Cossio-Villar.
Las fotos de la ropa del bebé y del ganchito son de Domingo Giribaldi de la muestra Si no vuelvo búscame en Putis.
Este artículo no ha salido publicado en ningún lugar antes. An English version can you find here.
Posted: Diciembre 13th, 2009 | Author: Rocío Silva Santisteban | Filed under: Kolumnas | Tags: universidad
lévano
malca
mariátegui | No Comments »

Oscar Malca.
La semana pasada escribí en esta kolumna sobre la universidad. Confieso que fue una loa a las posibilidades del sistema universitario, y una queja sobre las desgracias que están sucediendo en él debido a las alas de sus ángeles negros (¿ahora nos dirán que se fueron a Grecia para que sus ruinas inspiren a nuestros congresistas sobre las maneras democráticas?).
Sin embargo, hay que dejar en claro que la universidad no es el único espacio donde se genera conocimiento, y sobre todo, donde pueden articularse “otros saberes”. La universidad en el Perú ha sido espacio de pensamiento, pero también los cafés y los bares, y últimamente, los espacios virtuales. El periodismo, como tradición, ha sido fuente inagotable de propuestas contundentes, de vanguardismo, de curiosidad por la erudición (ahora está a veces de capa caída, pero ese es otro cantar). Pero hay otros espacios que también han sido fuentes de conocimiento: las asambleas comunales, los mítines sindicales, las reuniones de los partidos políticos, los lugares privados donde las mujeres se juntan para tejer o coser.
Además hay en nuestra historia toda una serie de pensadores autodidactas, que no recibieron una educación formal, y que sin embargo se convirtieron en líderes intelectuales indiscutibles: de hecho el primero de la lista es José Carlos Mariátegui, quien tuvo que abandonar el colegio en primaria por un accidente que le perjudicó la pierna; su madre Amalia La Chira, le enseñó no solo las letras y la historia, sino la curiosidad por la lectura. De la misma época, podemos mencionar también al genial poeta José María Eguren, quien además fue un excelente fotógrafo y acuarelista; posteriormente habría que nombrar al poeta surrealista César Moro, quien escribió la mayoría de su obra en francés; o también al antropólogo Emilio Choy o al pintor arequipeño Teodoro Núñez Ureta, quien sin estudiar en una escuela, terminó siendo director de Bellas Artes. No olvidemos, por supuesto, a uno de los que cambió la manera de pensar sobre el arte popular en el Perú: me refiero a Joaquín López Antay, maestro retablista.
Hoy en día muchos intelectuales y periodistas destacadísimos son absolutamente autodidactas, como es el caso de la reconocida historiadora María Rostworowski, quien se matriculó como alumna libre en las clases de Raúl Porras en la UNMSM, pero no cursó los estudios regulares, o, en el otro lado del espectro, el incisivo periodista de investigación y varias veces editado –con varios libros en su haber– Gustavo Gorriti. El escritor de culto y tímido director de Somos Oscar Malca es a su vez autodidacta y una de las personas con una disciplina por la lectura, en varios idiomas, que realmente provoca envidia. Y otro colaborador de este suplemento, con una formación muy sólida en los principales filósofos franceses, es un autodidacta incluso para el aprendizaje de los idiomas: Alfredo Vanini.
La universidad, entonces, no es imprescindible para desarrollar métodos de aprendizaje ni mucho menos el afán por el conocimiento, ni siquiera, la profesionalización en la palabra. Más bien a veces la universidad peruana, en su implacable miopía burocrática, desconoce la relevancia de aportes como de los mencionados, pues exige que sean catedráticos solo quienes tienen un título o un grado académico, sin tomar en consideración que muchos pioneros no pasaron regularmente por las aulas. Es absurdo pero, si Mariátegui estuviera vivo, quizás lo estudiarían en la universidad pero no le permitirían dictar un curso.
Esta kolumna ha sido publicada en La República el domingo 13 de diciembre de 2009 (mientras escucho Juana Azurduy en la voz de Mercedes Sosa…)
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