Cuando dos poetas se casan
Posted: Diciembre 28th, 2009 | Author: Rocío Silva Santisteban | Filed under: Kolumnas |
Rara foto de Ted Hughes y Sylvia Plath con trenza y el pelo extrañamente oscuro (Archivo Universidad de Emory).
Ted Hughes y Sylvia Plath han sido dos de los grandes poetas en lengua inglesa: dos egos inmensos que no cabían en un mismo matrimonio.
Las más apasionantes historias suelen escribirse en renglones torcidos. Sylvia Plath (1932-1963), es considerada una de las más importantes poetas norteamericanas, icono de las feministas de los 70 y emblema de la mujer talentosa que se autosabotea por miedo a sí misma, se suicidó hace 45 años, poniendo la cabeza en el horno de gas. Minutos antes había preparado sendos vasos de leche tibia para sus hijos, Frieda y Nicholas, los dos niños que había tenido con el poeta británico Ted Hughes (1930-1998).
Las circunstancias de su muerte y sobre todo, de la separación matrimonial, así como los nueve meses previos vividos entre depresiones profundas y crisis maníacas que Sylvia paleaba escribiendo con fruición, convirtieron a Ted en el punto del blanco de las más feroces críticas. El poeta autor de “Lupercal” había abandonado a Plath cuatro meses antes de su suicidio, por otra escritora, algo mediocre y también suicida, Assia Webill, quien seis años después imitaría a Plath con el agravante de matar también a Shura, la hija que tuvo con Hughes. “Desde entonces el odio de las feministas contra Hughes no tiene límites. En más de una de sus presentaciones, alguna mujer de la audiencia le ha gritado: ¡Asesino!” es lo que ha dicho Antonio Cisneros hace años en un apasionado artículo sobre el tema.
Al parecer, más allá de los exaltados términos de algunas feministas extraviadas, Hughes dio ciertos motivos para agudizar los desencuentros. Según confesión propia destruyó el último diario de Plath para evitar que sus hijos lo lean (el diario que abarcaba de 1959 hasta tres días antes de su muerte), y también admite, que el penúltimo diario desapareció sin dejar huella. La biógrafa más destacada de Plath, Linda Wagner, sostiene en la introducción de su libro que Ted Hughes y su hermana Olwyn, albacea literario de Plath, sugirieron tantos cambios al manuscrito que ella tuvo que negarse pues “llegué a la conclusión de que sólo me concederían los permisos si accedía a cambiar el manuscrito para reflejar el punto de vista de los Hughes”.
El poeta británico siempre se negó a cualquier entrevista vinculada a su difunta esposa; apenas unas líneas en la introducción de los diarios dan cuenta de lo que él opinaba de ella como escritora y su sorpresa al descubrir, mientras ella recitaba tres versos cruzando un umbral, esa verdadera personalidad que se escondía —según él— tras numerosas máscaras, “fue como si un mudo empezara a hablar” dice.
Hughes evitó mezclar el nivel literario e intelectual con el afectivo, hasta febrero de 1998 en que da a las imprentas su ya célebre libro Birthday Letters. Lo publica sabiendo que sufría de un cáncer al colón incurable, que tras 18 meses de silencioso y estoico suplicio, cobró la implacable deuda: Hughes murió el 29 de octubre a la edad de 68 años. A diferencia de la joven autora de Ariel, el Poeta Laureado por la Reina Isabel II, gozó de fama en vida y llegó a ganar los premios más prestigiosos de Inglaterra, entre ellos el Forward Poetry Prize por el mencionado libro, amén de los más de cien mil ejemplares agotados en menos de pocos meses.
Los poemas de Cartas de Cumpleaños son 88, todos escritos durante estos treinticinco años, todos con un referentes concreto: la esposa muerta. A ella le habla, le incrimina, le reprocha, le pide perdón, la exalta, la llama, le exige. Recuerda los momentos de desesperación, los primeros encuentros, su facha de Veronica Lake, su París de americana solitaria mirándolo todo desde una pensión, su odio a España, la incomprensión, el error que él cometió intentado hacerla calzar en su paradisíaco Devon. Se trata sin duda de un libro importante, quizás el libro de poesía más importante del año 1998: “Esta es sólo una historia —escribe el poeta— Tu historia. Mi historia”. Ella, muchos años antes, también le escribió “De las cenizas/ con el cabello rojo me levanto/ y me como a los hombres como aire…”
En marzo de 2009, el hijo de ambos, Nicolas Hughes, profesor de ingeniería pesquera y oceonografía en la Universidad Fairbanks, Alaska, se suicidó después de una aguda crisis depresiva. Al parecer, un mal de familia.
Fragmento del diario de Sylvia Plath
“Lo que quiero decir es: ESTA aquí; en Cambridge. Me he tropezado con Bert: ‘Anoche Luke y Ted te tiraron piedras a la ventana’. Un júbilo inmenso galopó por mi interior; recordaban mi nombre, se equivocaron de ventana y yo estaba afuera, bebiendo con Hamish, pero existen en este mundo de aquí. He murmurado un comentario alusivo: diles que vengan a verme, o algo parecido, y me he alejado pedaleando (…) Chris, provisto de instrumentos de tortura: acababa de ver a Luke y a Ted en la calle esta misma mañana, no vendrán. No lo harán con la sobria luz gris de la mañana. No vendrán. Pero vinieron anoche, a las dos de la madrugada, me ha dicho Philippa. Tiraron barro a su ventana y repitieron mi nombre, mezclando las dos cosas, el barro y mi nombre; mi nombre es barro.
Fragmento de Visita de Ted Hughes
“…Con mi amigo,/ Después de la medianoche, me paré en el jardín/ Boleando terrones de tierra a una ventana oscura./ Borracho, él estaba seguro que era tuya./Medio borracho, yo no sabía que estaba equivocado./ Tampoco sabía que estaba audicionando/ Para el papel masculino en tu drama (…) Me movía a través de esos gestos— observado y juzgado/ Sólo por la oscuridad de esas estrellas y por una sombra/ Desconocida por ti y sin conocerte/ esperando encontrarte, y perdiendo, y otra vez perdiendo (…)Diez años después de tu muerte/ La encontré en una de las páginas de tu diario, como nunca,/ El golpe de tu alegría/ Cuando escuchaste esa historia. Luego el golpe/ De tus oraciones y bajo esas oraciones el pánico/ Las oraciones no pueden crear el milagro…”
Traducción Aura Manrique
Más información al respecto (en inglés) aquí en The Mail Online

Leave a Reply