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El genio de alvaro portales: una vez más

¿Qué diablos sucede adentro de la COP20?

Si, exacto, eso que Ud. sospecha... es real. 

Publicado: 2014-12-09

Al igual que Uds., ultraocupados lectores, somos muchos los que no entendemos qué sucede adentro de la COP20. Los convenios internos entre Estados, corporaciones, ONGs e instituciones de toda índole, se mantienen dentro del espectro ultra-técnico, con un lenguaje que por altamente especializado, nos excluye. Como ciudadanos del mundo, estamos literalmente, fuera de las posibilidades de tomar verdaderas decisiones sobre el clima de nuestro mundo. Es cierto que parte de la sociedad civil y de los pueblos indígenas están adentro escuchando y resistiendo, pero son sobre todo quiénes manejan los altos negocios de la COP20 quienes participan activamente de ella: me refiero a las grandes corporaciones.  

Y cabe preguntarse por ejemplo, ¿por qué la presencia de las grandes empresas petroleras como Shell, Chevron o Texaco es tan participativa?, ¿es auténtico el interés de estas empresas por reducir las emisiones de carbono y cabildear frente a los Estados?, ¿es cierto que la geo-ingeniería propone soluciones tecnológicas a la resistencia de los Estados miembros por reducir las emisiones?, ¿es cierto que en su presentación la Shell, por primera vez en años, estuvo de acuerdo con lo propuesto por el comité de científicos y plantearon como solución la CCS? ¿qué diablos es la CCS – Carbon Capture and Storage?, ¿por qué le interesa tanto a la Shell?

Hay algo que sí debemos de conocer con certeza como miembros de este plantea: quiénes son los responsables del cambio climático. Eso lo podemos contestar: las corporaciones, los Estados miembros, los funcionarios de Naciones Unidas y el sistema cuyo objetivo es, sobre todo, crecer infinitamente y depredar cuanto se pueda. Para contrarestar las emisiones de carbono de los países super-industrializados hay varias corporaciones e instituciones que están buscando varias soluciones. Obviamente soluciones que no implican reducir la emisión de gases constriñendo las actividades que los producen. Aquí solo mencionaré dos: la CCS y REDD.

La geoingeniería, que es un campo de la ingeniería cuyo objetivo es la manipulación del clima a gran escala con “efectos globales”, está investigando sobre varias propuestas para controlar las emisiones de carbono. Una de ellas es la CCS, es decir, capturar el dióxido de carbono del aire o cuando es extraído junto con el petróleo y almacenarlo debajo de la tierra. Este sistema, absolutamente caro, está siendo utilizado en Alemania y Australia pero requiere de subvenciones de los Estados pues, económicamente, no es viable. Con este sistema se puede producir una reducción del 90% de gases en el proceso de extracción del crudo, pero si la OPEP baja sus precios, la CCS es imposible. Al parecer eso es algo que se está negociando dentro de la COP20 porque, como dice la Shell, “el apoyo de los Estados es indispensable”.

Por otro lado, REDD (Reducing Eviction Deforastation & Destruction) es lo que el MINAM ha propuesto como parte de la política del Estado peruano y no es otra cosa que el mercado de bonos de carbono. Se trata de convertir la función de “guardar el carbono” dejando de talar los bosques en un commoditie (mercancía). Por lo tanto, que tenga precio. De esta manera, los Estados que calientan el clima con sus emisiones de CO2 compran el carbono fijo en nuestros bosques para “paliar” su depredación. Noruega, por ejemplo, ha firmado un convenio con el Perú por 300 millones de dólares dentro de este marco (y no olvidemos los vínculos entre Noruega y la Shell). En este convenio el Perú se compromete a no deforestar pero, también, a controlar los bosques “comprados” para que en ellos no se realice actividad humana alguna, lo que en la práctica implica, por supuesto, sobreponer esta “mercancía” sobre los derechos de los pueblos indígenas y originarios.

¿Cuál es el problema? REDD permite que se sigan emitiendo gases en el norte, comprando carbono en el sur, esto es, un “permiso para contaminar pagando”. Todo sigue igual solo que el sur se gana alguito. Por otro lado, REDD podría poner en peligro la titulación y posesión de los bosques de parte de los pueblos indígenas porque se les prohíbe cazar, cultivar, hacer fuego, cocinar, etc. Como dice la institución Friends of the Earth “[REDD] se está desarrollando como un mecanismo que tiene el potencial de exacerbar la inequidad, produciendo grandes ganancias para las empresas y otros grandes inversionistas y generando pocos beneficios e incluso grandes desventajas para los Pueblos Originarios”.

Por eso, en buena cuenta, lo que se dialoga dentro de la COP20 es el capitalismo verde porque, como Midas, todo lo que toca lo convierte en mercancía.

La pregunta que cae por su propio peso es: ¿entonces qué hacemos? Desde el Sur Global tenemos que tener conciencia de lo que se viene si se siguen emitiendo las mismas cantidades de CO2 por país (sobre todo en Estados Unidos y la China): pues simplemente la depredación de la vida.

Por eso, tomo las palabras del economista y ecologista ecuatoriano, Alberto Acosta, al finalizar el Tribunal Permanente de los Derechos de la Naturaleza luego de dos días de largos debates viendo y analizando 12 casos de depredación de la naturaleza y criminalización de sus defensores, para sostener junto con él y convencida de nuestros deberes, lo siguiente:

      1)  Debemos desmercantilizar la naturaleza y los bienes públicos como el agua, porque nos corremos el riesgo de privatizarlos y convertirlos en una mercancía que no se encuentre al alcance de las mayorías. Acosta retomó el pasaje bíblico y nos propuso: “sacar a los mercaderes de la naturaleza”.

      2)  Estamos obligados a redistribuir porque es obsceno que 85 individuos del mundo tengan la misma cantidad de riqueza que 1,700 millones de personas.

     3)  Estamos obligados a desconcentrar las ciudades, a redistribuir de la mejor manera el espacio, a no aumentar la población de las mega-ciudades como el D.F o la misma Lima, porque nos quedaremos sin posibilidades de tener acceso a los bienes comunes como el agua y el aire limpio

    4)  Debemos de erradir el mito que todo lo soluciona el crecimiento económico porque no es así y en esta espiral sin sentido nos estamos olvidando de lo realmente importante: vivir en armonía con el medio ambiente no para tener más sino para ser mejores

   5)  Siempre más y más democracia. Como decimos acá en el Perú quienes estamos convencidos de la democracia, con sus infortunios e imperfecciones pero como sistema de gobierno, que es imperante “radicalizar la democracia” como lo plantean Laclau y Mouffe, es decir, convertir a la democracia en un espacio de verdadero acceso de las grandes mayoría y no solo un ritual de cada tantos años para escoger a unos representantes que tomen las decisiones por nosotros sin re-calificarlos en el proceso. 

Pero, como siempre, radicalizar la democracia consiste también en implicarnos en ella con verdadera responsabilidad, no solo para pensarla, sino para exigirla en nuestras acciones día a día.

Una versión muy recortada de esta columna ha salido publicada hoy día en La República. 


Escrito por

Rocío Silva Santisteban

Rocío Silva-Santisteban Manrique (Lima, 1963) Escritora, profesora, activista en derechos humanos y políticamente zurda.


Publicado en

Kolumna Okupa

Artículos, kolumnas, reseñas de libros, poesía y reflexiones varias de Rocío Silva Santisteban.