prefiere pisco peruano

El último feminicidio del año

Sin embargo las mujeres seguimos en las luchas por la equidad y vamos minando al patriarcado machista latinoamericano 

Publicado: 2016-12-27

Es probable que el último feminicidio del año sea cometido algunos minutos antes de las doce por un hombre alcoholizado que, con anterioridad, le pegó a su pareja, mujer, esposa, amante, amiga o hija o incluso nieta. Ese hombre no sería un enfermo sino un hijo sano del patriarcado. Ese patriarcado aderezado de machismo que defienden los arzobispos cuando pretenden subestimar a las mujeres con poder descalificándolas como “respondonas”. Ese mismo patriarcado que bajo la excusa de la sexualidad irrefrenable del varón —como si se tratara de un jabalí en celo— justificó a través de las voces de los comandantes y generales ante las cámaras de la televisión, las violaciones sexuales contra niñas y adolescentes quechuas en Manta y Vilca. Ese mismo patriarcado. 

Pero el patriarcado está languideciendo.

Eso lo sabemos luego de la histórica marcha #NiUnaMenos del 13 de agosto. Este año ha sido un hito: no hay vuelta atrás en la visibilización de la impunidad que, escondida entre alfombras rojas, pasaba disimulada a través de las instancias del Poder Judicial. Sabíamos que la reacción del machinario no se haría esperar: agosto fue el mes de aumento de los feminicidios (144% más que el año pasado según MIMP) y los departamentos, después de Lima, donde hay más feminicidios y tentativas son Arequipa y Junín. Incluso, el mismo 14 de agosto un tumbesino cobarde le pegó de forma salvaje a la madre de su hijo: Milagros Rumichi. Noticia en todos los periódicos: pero hubo un cambio y el concepto “crimen pasional” casi desaparece de los titulares.

El Plan Nacional de Lucha contra la Violencia de Género, aprobado apenas dos días antes del 28 de julio, debe plantear un giro en el Perú porque incorpora una serie de reclamos de la sociedad civil y de las mujeres organizadas a la normativa: considerar como actos de violencia a las esterilizaciones forzadas, a las hostilidades en el contexto de conflictos sociales e incluso también darle nombre a la violencia obstétrica, entre otros. Sin embargo, sin voluntad política ni presupuesto, poco se puede avanzar.

El patriarcado está languideciendo aunque haya aún demasiado camino por recorrer. 

Sí, pues, la ignorancia, junto a la artera búsqueda de manipulación de las mentes están difundiendo esa antojadiza idea de una “ideología de género” para descalificar todos los avances reconocidos hasta por Naciones Unidas. ¡Ni un paso atrás!

Algunos siglos antes me hubieran llevado a la inquisición por defender mis ideas, me hubieran hundido agujas candentes en todos los lunares de mi cuerpo, con la finalidad de que el súcubo que se suponía habitaba dentro de mí, pudiera gritar hasta confesar el pecado de hechicería o, simplemente, el pecado de saber más que los hombres.

Hoy no nos llevan a la hoguera pero nos queman con lo que escupen en los medios y las redes sociales (bruja, puta, respondona, chiquivieja, socialconfusa, caviar, rojeta). No importa: puedo seguir hablando y escribiendo libérrima. Así como las jóvenes que salen a las calles sostienen sus verdades y sus deseos con sus cuerpos, sus voces, sus brazos, sus libérrimas mentes.


Esta columna ha sido publicada en el día de hoy en La República. 


Escrito por

Rocío Silva Santisteban

Rocío Silva-Santisteban Manrique (Lima, 1963) Escritora, profesora, activista en derechos humanos y políticamente zurda.


Publicado en

Kolumna Okupa

Artículos, kolumnas, reseñas de libros, poesía y reflexiones varias de Rocío Silva Santisteban.