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Mamá Angélica: mi héroe

Ella es una héroe de la democracia y de la búsqueda de justicia. No una heroína, una héroe como Cáceres o como Grau. Con su ejemplo debemos de llegar al bicentenario del Perú pensando en todos aquellos que, debajo de la tierra, siguen clamando por justicia.

Publicado: 2017-09-05

Sin duda Angélica Mendoza de Ascarza ha sido una de las mujeres que, en el mundo y contra todo pronóstico, creyó en la justicia y por eso luchó por ella. No voy a relatar lo que todos sabemos: la historia del despojo de su hijo Arquímedes; la búsqueda incesante, incluso entre los botaderos de cadáveres; el reclamo permanente con su cruz (“No matarás”) alzada en brazos; la persistencia inagotable de una mujer quechuahablante que, aprendió a expresarse en castellano en voz alta, para indignarse y reclamar lo justo. Hoy quiero remarcar esa fe que esta mujer noble, ayacuchana, serrana, peruana, tenía en la justicia.

Nosotros, algunos que hemos estudiado derecho incluso, no poseemos esa enorme fe en la existencia de una justicia por encima de las mil formas de la injusticia de los seres humanos. Porque esa búsqueda no se limitaba a los procesos dentro del Poder Judicial, con sus vericuetos, su burocracia y su lentitud. Mamá Angélica tenía fe en la justicia como principio moral que debe inclinarnos a obrar y juzgar respetando la verdad y dando a cada uno lo que le corresponde.

Esa tremenda fe la hizo pensar en las demás madres que luchan por encontrar a sus desaparecidos y crear una asociación donde, entre todas, podrían ayudarse. La Asociación Nacional de Familiares de Secuestrados, Detenidos y Desaparecidos - ANFASEP fundada en 1983, es uno de los más antiguos organismos de derechos humanos del Perú y América Latina, un verdadero ejemplo de tenacidad. Esas madres y sus manos abiertas al cielo han podido tener un pequeño Museo de la Memoria en su local de Huamanga, y además, arrancarle al Estado las hectáreas que fueron los campos de exterminio del Ejército en las afueras de la ciudad e intentar convertirlo en un santuario: La Hoyada. Han sido los organismos extranjeros, la Unión Europea, Alemania, los jóvenes arquitectos de Awaq y Shicras, así como muchos hombres y mujeres que creen en la defensa de la memoria, quienes han apoyado a las “mamás” de ANFASEP. Recién con Daniel Figallo y ahora con Marisol Pérez Tello como ministra de justicia, el Estado ha podido darle a ANFASEP la debida importancia. Antes de ellos solo la Defensoría del Pueblo y la Comisión de Alto Nivel para Reparaciones – CMAN apoyaban su labor.

Pero más allá del trámite burocrático, Mamá Angélica obró con fe. Ella tuvo fe en el sistema procesal aun cuando lo percibió en su plenitud atávica e injusta; siguió tenaz y murió diez días después de la sentencia que no pudo escuchar en vivo porque, por su salud, debió regresar a Huamanga. Pero ella lo logró: consiguió que el PJ reconozca que Arquímedes, su hijo, fue secuestrado, detenido y desaparecido y sus restos cremados en un horno en las afueras de Los Cabitos. Su hijo inocente. El último de sus hijos.

Ella es una héroe de la democracia y de la búsqueda de justicia. No una heroína, una héroe como Cáceres o como Grau. Con su ejemplo debemos de llegar al bicentenario del Perú pensando en todos aquellos que, debajo de la tierra, siguen clamando por justicia. Nosotros les debemos la terquedad de mantener nuestra fe. ¡Kausachun Mamá Angélica!


Escrito por

Rocío Silva Santisteban

Rocío Silva-Santisteban Manrique (Lima, 1963) Escritora, profesora, activista en derechos humanos y políticamente zurda.


Publicado en

Kolumna Okupa

Artículos, kolumnas, reseñas de libros, poesía y reflexiones varias de Rocío Silva Santisteban.