cero tolerancia a la violencia de género

El señor Oviedo

Un hombre que trabaja desde los 16 años como canilla merece a los 73 tener una jubilación digna y no que la ONP lo ningunee

Publicado: 2018-09-04

El señor Oviedo me trae los periódicos los fines de semana a eso de las 10:00 a.m., me cuenta sus historias y me da consejos porque sabe que soy de izquierda. Él ha sido militante del Frente Obrero, Campesino, Estudiantil Popular - FOCEP y en los años 70 activaba en Miraflores (quizás es uno de los pocos que recuerda —y con mucho aprecio— a Laura Caller). Ha leído a Manuel Scorza porque suele mencionar que su personaje principal era Genaro Ledesma, a quien acompañó en sus luchas. Oviedo, como lo llama la gente de la cuadra tres de Porta, es afroperuano y se siente sumamente orgulloso. Me trae recortes diversos sobre la cultura afroperuana y me ha comentado del museo en el local del Congreso. El año pasado me recibió un manual de perspectiva de género, pero sospecho que aún no lo lee. Nuestras conversaciones siempre terminan con un consejo del señor Oviedo: estratégico o programático.

Juan Marcelino Oviedo Salas, 73 años, tiene una bicicleta a punto de romperse, parchada por aquí y por allá, sabe que con urgencia debe llevarla al soldador porque el tubo que une las dos ruedas está en precario equilibrio. Ha montado bicicleta para repartir periódicos desde los 16 años y hoy, tras hijos y nietos, sigue pedaleando para poder procurarse unos cuantos soles. Las señoritas que llaman desde un call-center para ofrecerme los servicios de la entrega en mi puerta de El Comercio no entienden cuando yo les digo que “no me da la gana” de comprar por ese método porque prefiero pagarle al canillita de mi barrio. Lo que pasa es que no conocen al señor Juan Oviedo, afroperuano, ex militante del FOCEP, ahora hincha de una izquierda unificada e imposible, que ha pedaleado contra viento y marea durante cincuenta y tres años seguidos.

¿Cómo es posible que la ONP no quiera tramitar de manera adecuada la jubilación de un adulto mayor que merece pedalear solo para sentir la brisa y no para trabajar? Una de las acciones positivas del presidente Martín Vizcarra en su discurso de 28 de julio fue “sincerar” la política de la ONP y agilizar la entrega de pensiones. Si miramos todo con ojos de “ganar/perder” que —lo siento colegas— son muchas veces el objetivo de los abogados, llegamos a la situación ridícula de que el Estado pierda millones en contratos a bufetes de prestigio para luchar contra peruanos y peruanas que lo único que necesitan es una pensión digna.

He sido testigo del trámite que le demoró a mi madre arrancarle al Estado la pensión que recibe mensualmente por trabajar 25 años en la Escuela Militar (y eso que antes trabajó 25 años sin aportar como guía de turistas): asesorada por la Defensoría del Pueblo, defendida por un abogado de oficio, gastando sus ojos y sus pies cansados en seguir persiguiendo la justicia. Y todo para recibir ¡520 soles mensuales! Le pregunto a Oviedo cuánto consideraría una pensión justa y me dice 1200 soles. Y le digo si sabe cuánto gana el jefe de la ONP. Me dice con rencor de obrero en sus ojos grises: “sí, 28 mil soles”.

¡Qué miseria la de nuestro país: qué porca miseria!

Publicado el día de hoy en La República. 


Escrito por

Rocío Silva Santisteban

Rocío Silva-Santisteban Manrique (Lima, 1963) Escritora, profesora, activista en derechos humanos y políticamente zurda.


Publicado en

Kolumna Okupa

Artículos, kolumnas, reseñas de libros, poesía y reflexiones varias de Rocío Silva Santisteban.