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Rosa Luxemburgo y la jornada de las ocho horas

Hoy se cumplen cien años de la muerte de la gran socialista y de la ley que consagró las ocho horas en el Perú

Publicado: 2019-01-15

Hace cien años exactamente, un día como hoy, luego de meses de huelgas organizadas por los diversos sindicatos de Lima —como el famoso sindicato de panaderos La Estrella—, el gobierno de Manuel Pardo, contra su voluntad, aprobó la ley de la jornada de las ocho horas de trabajo. Sin duda, esa ley fue una victoria del movimiento obrero anarquista y no un regalo de los patrones que, aun aprobada, seguían insistiendo en que ocho horas de trabajo llevaría a la quiebra a miles de empresas. Situación que, obviamente, nunca se dio.

La lucha por las ocho horas se inició muchos años antes y tuvo entre sus principales inspiradores a Manuel González Prada. Incluso, durante el gobierno de Nicolás de Piérola, en 1896, se realizó en Lima el primer Congreso Provincial Obrero que reclamaba por 10 horas de trabajo. En 1912 durante una huelga y movilización en el valle de Chicama murieron 500 obreros y jornaleros de las haciendas de Casa Grande, Roma, Chiclín y Cartavio en la búsqueda del justo reclamo.

A finales del año 1918, el comando de lucha de los trabajadores liderado por Nicolás Gutarra, Adalberto Fonkén y Carlos Barba, junto con Delfín Lévano del sindicato La Estrella, llamaron a la huelga general que fue acatada por la gran mayoría. Como recuerda Jorge Rendón, el lunes 14 de enero la paralización en Lima, Callao y Vitarte fue casi total, y la represión de las manifestaciones obreras por la gendarmería y el ejército se hizo más violenta. Se clausuró el diario El Tiempo, donde escribía Mariátegui e informaba de la evolución del conflicto y alentaba a los trabajadores; hubo heridos y detenidos, pero se le quebró la mano a Pardo y se aprobó la ley.

“¿Qué podría proporcionarles a los trabajadores más coraje y fe en su propia fuerza que un paro masivo decidido por ellos mismos?”, estas palabras son de la gran socialista y sindicalista Rosa Luxemburgo, que precisamente el 15 de enero de 1919, en Berlín, fue detenida por un grupo de soldados que luego la asesinaron tirándole un culatazo en la cabeza, su cuerpo lo lanzaron al río y solo fue encontrado cinco meses después. ¿Cuál fue su delito? Participar de la Comuna de Berlín durante la insurrección obrera de 1918. ¿Quiénes dieron la orden? Los socialdemócratas que habían sido sus camaradas algunos años antes, cuando ella aún pertenecía al SPD, antes de formar el Partido Comunista Alemán (KPD). Ella que había luchado por los derechos de los obreros y obreras, que había reflexionado sobre el horizonte político de esas luchas, fue traicionada cuando los socialdemócratas accedieron al poder.

No menciono a Rosa Luxemburgo de manera casual o solo por la coincidencia en la fecha. Me interesa llamar la atención sobre lo que ella planteaba en sus escritos: no olvidemos que las luchas por la ampliación de derechos de los trabajadores no son el horizonte. El horizonte es, sin duda, el ejercicio del poder. No a través de una revolución armada como ella reclamaba en su época sino a través de otro tipo de revolución: la radicalización de la democracia en su sentido más prístino. Recordemos a Rosa enarbolando su llamado: ¡socialismo o barbarie!


Esta columna ha sido publicada el día de hoy en La República.

Escrito por

Rocío Silva Santisteban

Rocío Silva-Santisteban Manrique (Lima, 1963) Escritora, profesora, activista en derechos humanos y políticamente zurda.


Publicado en

Kolumna Okupa

Artículos, kolumnas, reseñas de libros, poesía y reflexiones varias de Rocío Silva Santisteban.