la naranja está partida

Apología de Gustavo Gorriti

La semana pasada las huestes aprofujimoristas se plantaron frente al local del IDL para derramar sus ácidos biliosos contra el periodismo independiente

Publicado: 2019-06-20

“Gorriti asesino”: este lema difamatorio se podía observar en un afiche de uno de los atacantes que “visitaron” el local del IDL la semana pasada. La búsqueda de impunidad frente al despliegue de reportajes como Lava Jato o Los cuellos blancos del puerto llega a niveles de comedia. Cuatro gatos aullando ameritan una respuesta: sí, porque permitirles que la bola de nieve de sus mentiras crezca, alimentada por el silencio, sería perder por walkover.

Gustavo Gorriti es uno de los grandes periodistas que tiene este país. Punto. Y no solo lo es porque sea valiente, se meta en problemas por sus temas, decida seguir adelante cuando otros habrían reculado, sino por su método: exige verificar al máximo cada detalle, cada cifra, cada dato, cada testimonio. Por eso quienes chambean con él lo aman y lo odian. Porque es un fanático de la verificación. Un demente del cruce de fuentes.

En 2005 le insistí para que dicte clases en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya en el Diplomado de Periodismo Político y Análisis Cultural; él es un autodidacta y tenía poca fe al respecto: “no tengo ningún título”. Pero gracias a un acuerdo del Consejo Universitario se pudo: un lujo para esos estudiantes de postgrado, con habilidades para las comunicaciones, pero sin saber lo que era periodismo de verdad (y lo mismo sucedió con Edmundo Cruz). En el año 2011 Gorriti apoyó a la CNDDHH y a las víctimas del Grupo Colina, en un video donde asumió que él era también un “afectado” por la violencia de los años fujimoristas. Algo difícil para una persona como Gorriti, pero por encima de todo, el compromiso con las víctimas se impuso.

Discrepamos abiertamente en múltiples temas — desde su perspectiva del conflicto armado interno hasta temas de mi seguridad personal que él, con buena onda me aconsejó, y que yo jamás acometeré— pero hay un asunto simple y silvestre que me hace defender su conducta: es un tipo serio que honestamente hace buen periodismo. Por eso lo atacan, por eso lo seguirán atacando, por eso lo defenderemos. No se trata del ser humano: es un asunto de urgencia social y de limpieza ética.

El hombre inspiró en julio del 2018 los #GorritiFacts que, entre bromas, apuntan a la necesidad de personas en las que creer dentro del miasma de la política peruana. Uno de los mejores era: “Gorriti sabe en qué momento se jodió el Perú”.


Esta kolumna fue publicada en la edición impresa de La República. No hay versión digital excepto esta.


Escrito por

Rocío Silva Santisteban

Rocío Silva-Santisteban Manrique (Lima, 1963) Escritora, profesora, activista en derechos humanos y políticamente zurda.


Publicado en

Kolumna Okupa

Artículos, kolumnas, reseñas de libros, poesía y reflexiones varias de Rocío Silva Santisteban.