la mafia no descansa

El filósofo Michel onfray ha dicho que greta jamas sonríe. cualquier cosa dicen los machos narcisos contra una mujer empoderada.

Greta y la indiferencia

El símbolo de la lucha contra la indiferencia frente al cambio climático le ha dicho a los poderosos: ¡Cómo se atreven!

Publicado: 2019-09-24

En 1972 un grupo de empresarios organizado en el Club de Roma junto con varios científicos del prestigioso Massachussets Institute of Technology – MIT y de Alemania, usando las computadoras incipientes de la época, pudo calcular los años en que, frente al crecimiento exponencial de la población, se cuente con recursos para alimentarnos y seguir viviendo. Fue la primera investigación que se analizó la “huella ecológica” de los humanos. El resultado fue el libro The limits to Growth (Los Límites del Crecimiento), que produjo una reacción de rechazo en cadena, sobre todo, entre los macroeconomistas de la época. ¿Por qué? Porque la respuesta era simple y apocalíptica: si seguimos creciendo de la misma manera el planeta Tierra no contaría con más recursos sino hacia 2050/2070. Treinta años después, en 2002, volvieron a realizar la misma simulación con tecnología de punta. Y no, no se equivocaron, sino que se reafirmaron en lo encontrado: cada vez queda menos tiempo.

No sé si la famosa adolescente sueca Greta Thundberg ha leído el libro pero sí está enterada de los informes del IPCC (Panel Interglobal del Cambio Climático), una red de 2200 científicos, cuyos resultados son consensuados y, por lo tanto, insospechables de falaces. El último, publicado en agosto de este año, se refiere a El cambio climático y la tierra, y plantea la urgencia de una gestión sostenible de los territorios para velar por la soberanía alimentaria y mantener el carbono atrapado en el suelo.

Greta en sus entrevistas demuestra una clara conciencia de que su generación, la de adolescentes de 12 a 18 años, tendrá que enfrentar las hambrunas, las guerras por el agua, la falta de energía, las dificultades diversas en un mundo caminando al borde. Hace poco Netflix difundió un documental en el que Bill Gates es más optimista sobre el rol de la tecnología para evitar la catástrofe, sin embargo, además de los caros y complejos procesos de ósmosis inversa para desalinizar agua marina, las otras posibilidades tecnologías no bastan para hacer frente al (mal) uso de los combustibles fósiles y la energía no renovable.

¿Los peruanos y su ambicioso parque automotor podrá tener conciencia de que el uso de los combustibles fósiles nos está destruyendo?, ¿se podrá entender que el caos estúpido de la ciudad de Lima es producto de la obsesión por el auto propio y que, de paso, calientan la atmósfera? Gustavo Rodríguez en su última columna señala que en México hay más autos pero se percibe menos caos porque los mexicanos tienden a "ceder el paso".

Más allá del caos, queda claro que el individualismo extremo es parte de la cultura del emprendedurismo que nos rodea y, aunque me critiquen, debo repetir una vez más que es el discurso de este capitalismo tardío y global y achorado que lo marca a fuego. El uso de combustibles fósiles para facilitarnos nuestras individualistas vidas está llegando a colapsar al mundo. Liana Cisneros, activista ecoambiental, sostiene que es urgente “dejar de viajar en avión”. Exacto: porque la huella de carbono es tremenda. “Los pasajes baratos les salen caro a las próximas generaciones” recalca y sí es cierto que esta acción la están asumiendo los europeos, en América Latina, para la gran clase media, será mucho más difícil porque el subcontinente es más grande y porque no tenemos el transporte y las vías de trenes que los europeos. 

¿El Perú puede entender la necesidad de hacer un alto y escuchar a Greta Thunberg diciéndole a los poderosos que estamos al borde del abismo y no sirven sus palabras llenas de frases políticamente correctas? Lo dudo.

el grupo de la universidad ruiz de montoya.

En la movilización del día viernes 20 de setiembre en Lima no hubo absolutamente nadie del Estado peruano: ni del Ministerio del Medio Ambiente, ni del Ministerio de Agricultura. Ni de los partidos políticos. Ni de las grandes empresas. Ni de quienes toman decisiones. Solo niños, jóvenes, estudiantes con sus manos vacías y sus gritos, contra el mundo indiferente de los adultos emprendedores, obsesionados en el progreso e ignorando la destrucción del planeta Tierra: nuestra casa. No hay un planeta B, así que, no sonrían. O actuamos ahora o morimos todos.

Una versión enana de esta columna ha salido hoy publicada en el diario La República.


Escrito por

Rocío Silva Santisteban

Rocío Silva-Santisteban Manrique (Lima, 1963) Escritora, profesora, activista en derechos humanos y políticamente zurda.


Publicado en

Kolumna Okupa

Artículos, kolumnas, reseñas de libros, poesía y reflexiones varias de Rocío Silva Santisteban.