VacúnateYa!

Lenin Bazán

Una noche apocalíptica y un congresista con camisa a cuadros

Publicado: 2021-01-03

Por Rocío Silva Santisteban

Virú, 30 de diciembre, la escena es apocalíptica. Es de noche cerrada y los trabajadores agrarios estuvieron esperando que la Ley de Promoción Agraria los beneficiara, pero sintieron que el Congreso los había traicionado. La Comisión de Economía cerró los cambios en un incremento no remunerable del 30% más otros beneficios en condiciones laborales y negociación colectiva por sector. Ellos pedían el 50% remunerable y lo demás les parecía traición. Esa noche unas llantas que terminan de quemarse al lado derecho de la carretera, después de horas de bombas lacrimógenas, se vuelven humo negro que enturbia aún más el ambiente; el descampado de la carretera está sucio, lleno de piedras. En el aire el olor picante permanece. Un hombre de camisa a cuadros, con celular en la mano, se sube a un cajón para hablarles. Hay varias mujeres, están cansada, indignadas. Hay mucha bulla, todos gritan, silbidos, caos.

- Compañeros vengan para acá… miren, ustedes se quedan acá, y yo voy a hablar con la policía. Pero nadie toca una sola piedra. Y yo voy solo con un dirigente.

- Lo van a matar congresista.

Bazán pide una bandera peruana y camina por el no-mans-land hacia donde se encuentra la policía. Está callado y debe tener miedo. Yo, personalmente me preguntaba, si estuviera en esa situación ¿me hubiera ido caminando de frente hacia la policía apenas con el escudo de una bandera peruana sobre mi pecho? No lo sé. Hay que ser osado, un poco loco y valiente. Hay que atravesar el miedo. En la mañana habían muerto dos muchachos, uno de 16 años, por proyectiles de armas de fuego disparados por la policía nacional. La misma que estaba ahí, al otro lado, apuntando al congresista que camina con el dirigente.

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Conocí a Lenin Bazán una mañana de marzo cuando nos reunimos, aun presencialmente, en el local central del Frente Amplio. Estábamos coordinando cuál comisión pediríamos para tener la presidencia: él quería de todas maneras presidir una comisión. La que podíamos pedir era Pueblos Andinos, Amazónicos, Afroperuanos y Medio Ambiente: varios teníamos los pergaminos para presidirla, pero finalmente, se votó y quedó que él lo haría. Bazán venía de trabajar como abogado con las rondas campesinas de La Libertad, específicamente, su agenda también implicaba derechos de los pueblos indígenas. Esa vez Bazán me pareció un poco pedante: llegó tarde, habló todo el tiempo, su presencia incomodaba al resto, entraba a la bancada como entra un tractor a un campo minado.

Siete meses después, la primera vez que Lenin Bazán llegó a mi casa para que yo firmara un Testo Sustitutorio de la propuesta de Ley de Promoción Agraria, me parecía otra persona: personalmente me preocupé bastante por él —como por Cochero o mis otros compañeros de bancada— cuando le dio COVID y apelando a su juventud no se cuidó como debía y tuvo una fuerte recaída. Bazán es huérfano de madre, su hermana mayor lo estuvo cuidando porque es enfermera, pero al mismo tiempo, se contagió y eso lo golpeó bastante. Pero también el hombre se reconfiguró ante mis ojos porque lo vi preocupado yendo de Ica a Lima y a Virú y regresar a Lima y luego a Ica, todo en cinco días, él mismo manejando y sin dormir, con el afán de coordinar con los dirigentes de los trabajadores, el gobierno regional, las municipalidades, el gobierno central y la policía.

—Ya pues, Chío, vámonos a Ica.

—Vamos coordinando.

Pero no viajé porque los dirigentes vinieron a Lima. Precisamente Bazán fue quien estuvo dialogando sobre el tema de la situación de violaciones de derechos humanos en Ica con el ViceMinistro de Gobernanza y los dirigentes durante una larguísima noche en la Sala Grau del congreso, que terminó en un diálogo completamente frustrado. Felizmente al día siguiente, otro congresista joven e impetuoso como Daniel Olivares, logró convencer al Ministro del Interior, José Elice, que dialogue con los dirigentes en la misma Sala Grau, y también con la presencia de Lenin Bazán, para evitar que los enfrentamientos en Ica llegarán a mayores. Según me cuentan otros presentes ese día, Elice daba órdenes y los policías no acataban. Hasta que lo hicieron y se logró evitar quizás varios muertos y heridos, incluyendo, por supuesto, policías.

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La noche del 30 de diciembre en Ica los dirigentes regresaron cansados de tantos días durmiendo en el Hotel Europa a dos cuadras del congreso, apretados, en dos cuartos. Estaban cansados de plantear sus necesidades con la voz desgarrada en reuniones con congresistas, ministros, otros trabajadores y ante la prensa, bastante indiferente. Así cansados pero ligeramente victoriosos, por lo tanto, se dieron una tregua después de los días de paro en que la PNP entró a un centro poblado de Vilacurí, conocido como Barrio Chino, lanzando bombas lacrimógenas desde los helicópteros a las casas de estera y o de drywall y techos de calamina. Decenas de niños y ancianos habían dejado las casas hacia un terraplén para poder respirar. Eso indignó a los migrantes de Ayacucho, la selva central o de Huancavelica que trabajan en los grandes fundos de agroexportación y viven en esa zona: salieron nuevamente a la carretera a tomarla, a cerrar el paso de camiones y trailers y buses con mujeres angustiadas por llegar a casa. Pero el 30 de diciembre, cuando ya se había aprobado la norma, los dirigentes y manifestantes golpeados por la agresión policial de los días anteriores, decidieron hacer una tregua.

En Virú todo era diferente. Esa noche del 30 de diciembre la gente estaba muy molesta. Desde temprano habían cerrado la Carretera Panamericana por sentir que esa norma era completamente insuficiente con su 30% de aumento como bono sin calidad de remuneración: ellos que pedían el 250% en un inicio tuvieron que bajarse a 50% pero libre de CTS y de gratificaciones que se pagarían aparte. Lo aprobado en el congreso sonó a burla. A los agroexportadores también les chirrió la aprobación de la ley.

Samuel Dyer, uno de los CEOs de CampoSol que es la gran empresa agroexportadora de Virú, estaba tremendamente preocupado porque, decía, un aumento del 20% de los sueldos iba a destruir a los pequeños y medianos exportadores. Dyer es un hombre comprometido con la causa de los derechos humanos desde que sufrió el secuestro y detención en los sótanos del Pentagonito por el Grupo Colina. El hombre entiende que no se puede hacer empresa sin los trabajadores, pero siendo él uno de los empresarios más progresistas, estaba en contra de cualquier tipo de aumento al sueldo remunerativo y, a regañadientes, aceptaba uno de 15% pero como bono.

Luego de la larga situación de idas y venidas del dictamen en mayoría, incluso presentando cuestiones previas y reconsideración de la votación, o volteando sus propios votos de “a favor” a “en abstención” para que el texto regrese a Comisión, la propuesta no convenció a nadie. Esta situación, en un conflicto usual como este, vendría a percibirse como óptima en tanto que no contenta a ninguna de las dos partes por lo tanto sería meridianamente justa. Pero ese día en Virú, cortando la carretera en varios lugares, sobre todo, cerca al puente, los trabajadores demostraban que no era siquiera una situación ante la que podían mantenerse en tregua de fin de año. Cerraron la carretera y la policía tenía la orden de despejarla, por lo tanto, entraron a desalojar y se encontraron con cientos de trabajadores, a quienes enfrentaron sus piedras con balas. Lo que llevó la sangre al río fue la muerte de Kauner Rodríguez de la Cruz, de 16 años, y de Reynaldo Reyes Ulloa, ambos por proyectiles de arma de fuego. Las necropsias que han sido publicadas recién el 1 de enero de 2021 admiten que las balas alojadas en sus cuerpos provenían de la policía.

Por eso, la noche apocalíptica, cuando Lenin Bazán se fue caminando directamente hacia la policía con una bandera, los trabajadores al otro lado de la tierra de nadie le hicieron caso y se mantuvieron tranquilos. Bazán fue a hablar con el jefe del operativo.

— Congresista, ¿qué pasó?

— La policía ha pedido que la gente se repliegue más allá del semáforo y ellos se van hacia la comisaría.

— ¿O sea la policía se retira?

La gente acepta el repliegue a pesar de que los ánimos están caldeados. Hay un grupo que insiste en permanecer, en que los policías son asesinos, en que nadie se retira ni un centímetro. Por ahí se escucha: “no se regalen, no se regalen”. Un hombre con una mascarilla blanca, el pelo revuelto, la casaca negra sucia y la mirada latente, levanta la voz encima de todo el griterío: “Bazán es el único congresista que nos defiende, a nosotros los trabajadores…”. Entonces todos caminan con él hacia el otro lado de la noche. 


* Lenin Bazán ha recibido innumerables agravios por apoyar a los trabajadores de Ica y de Virú en sus justos reclamos por una remuneración digna. Se le ha sindicado como un azuzador, pero en este relato, se prueba absolutamente lo contrario. El video pueden verlo en el Facebook del congresista. Es cierto que Bazán votó a favor de la vacancia de Vizcarra y en eso yo he discrepado frontalmente. Pero no se puede calificar a una persona solo por un error en su vida.


Escrito por

Rocío Silva Santisteban

Rocío Silva-Santisteban Manrique (Lima, 1963) Escritora, profesora, activista en derechos humanos y políticamente zurda.


Publicado en

Kolumna Okupa

Artículos, kolumnas, reseñas de libros, poesía y reflexiones varias de Rocío Silva Santisteban.