Okupar el espíritu libre

A ellos, aunque mal paguen (y aunque no paguen)

Posted: Diciembre 19th, 2009 | Author: Rocío Silva Santisteban | Filed under: Kolumnas | 1 Comment »

Love me or leave me
(Billie Holliday)

roy-lichtenstein

Soy yo.
Lo he comprobado: nadie
rotundamente nadie
se quiso casar conmigo.
Excepto uno: lo acepté
más rápido que indecente.
Por desgracia todo
fue un desastre: por detrás
y por delante.

Amé a otro con locura
le escribí el mejor de todos mis poemas,
¿qué me dio a cambio?
Me cambió a mí por una gringa
gorda y loca, pero a los pocos meses
sacó la residencia. Yo lloraba
por los rincones.  Mis amigas
me mandaron al mental health service.

Pero aprendí a olvidar.

He sido la trampa, la firme, la mientrastanto,
la cornuda, la sacavueltera,
la solapa, la choqueyfuga.
¿Será que me lo merezco?
Y siempre grito: “ámame o déjame”
y esos hombres de corazón nigérrimo
me dejan: conchesumadres.

Disculpen la bronca del bronquema pero así estamos…un poco de humor negro para atravesar estas fechas prenavideñas. La pintura es del genial Roy Lichtenstein, se títula: “Ah… está bien”, la clásica frase que yo pronuncio en estos días. La canción de Billie Holiday la pueden escuchar acá.


Ayacucho inundada

Posted: Diciembre 17th, 2009 | Author: Rocío Silva Santisteban | Filed under: Kolumnas | Tags: | No Comments »

Imagen de previsualización de YouTubeUno de los lugares más azotados por la naturaleza y el hombre ha sido Ayacucho. Ahora en plena Huamanga ha caído un huayco que ha arrastrado a combis y mototoaxis hasta la mismísima plaza de armas. Parecía que se hubiera abierto un caño de mugre y agua. Al parecer, los huamanguinos, se quejan del alcalde Germán Martinelli por permitir que en las laderas del Cerro La Picota se haya permitido construcciones, evitando la permeabilidad, por la deforestación. Algo que sucede en casi todo el Perú, cuando se olvida que precisamente son los árboles los que evitan el deslizamiento de los suelos.


El dolor

Posted: Diciembre 16th, 2009 | Author: Rocío Silva Santisteban | Filed under: Kolumnas | No Comments »

dolor

En la desolación, no mudanza…
Ignacio de Loyola

… estaba totalmente perdida, totalmente agobiada, totalmente adolorida y me fui a confesar con V. S ., me dijo algo que me dio miedo, pero lo puse en práctica: hay que dejarse atravesar completamente por el dolor, hay que dejarse llevar por el dolor y experimentarlo hasta las máximas consecuencias, dejar que nos embargue, dejar que se pose completamente. Y después de eso el dolor se habrá ido…
 
No tengas miedo: atraviesa tu dolor, vívelo, deja que te penetre, llora… llora mucho y siente que el dolor se ha interiorizado en ti… y el dolor te dejará…


Putis

Posted: Diciembre 13th, 2009 | Author: Rocío Silva Santisteban | Filed under: Uncategorized | Tags: | 1 Comment »
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Ropa de bebé encontrada en la fosa común: asesinaron a 30 a niños.

Hoy se cumplen 25 años de impunidad.

Una mujer campesina ha descubierto, de nuevo, el peor dolor que puede haber en un corazón: la certeza del asesinato de una hija. Ahí, entre los huesos que se encuentran en la fosa común, hay un ganchito de pelo, en realidad un “pilimili” de conejitos, lleno de tierra, sucio, roto… quizás lo usó para arreglarle el cabello a su niña en el último día de su vida. “Guaguay”, exclama la mujer. Han pasado 24 años y esa niña de la que ahora sólo quedan restos abaleados con municiones que dicen FAME (Fábrica de Armamento y Municiones del Ejército) hubiera podido darle nietos y entregarle una sonrisa.  Pero hoy sólo hay lágrimas, indignación, frustración.

Los militares destacados en Putis (oficial “Lalo”, teniente “Barreta” y comandante “Oscar”) les habían pedido a los campesinos que caven un hueco engañándolos con el cuento de la pisci-granja. Mientras los hombres cavaban, a las mujeres las violaban (las marcaban, las “cavaban”, las humillaban). Los niños, no uno ni dos, más de 30 niños, también fueron abaleados. 

Una de las razones que alega el Informe Final de la CVR para cometer este crimen fue el desprecio de los militares hacia seres humanos considerados como “terrucos” pero otra, no menos perversa, fue la búsqueda de lucro al asesinar a campesinos que poseían ganado y poder quedarse con él para rematarlo en el mercado de Marccaraccay. Una supuesta piscigranja con más de noventa cadáveres no es un exceso: es el resultado de una manera de pensar autoritaria que considera al otro como un desecho. 

Las fotos que ha tomado Domingo Giribaldi de los “restos” de este grupo de campesinos considerados por los militares como “restos”  nos enfrentan a nuestra fractura social y a las lógicas perversas que han recorrido nuestras instituciones. Además evidencian una opinión pública centralista, limeña y satisfecha en sus espacios de bienestar impolutos y lejanos. Esa perversión debemos erradicarla para siempre.

Hoy después de veinte años, Putis nos muestra las profundas huellas de crueldad y laceración que les tocó vivir a sus habitantes. Felizmente nunca es tarde para la indignación. “Soy un sobreviviente de la violencia política. Yo también soy peruano” con estas palabras Rogelio Cusichi, uno de los testigos del genocidio de Putis, inició su relato de los hechos en una conferencia en la Universidad Católica a mediados de 2009. Terminó así: “hermanos tengan en cuenta, ustedes que son estudiantes, que la dignidad de los campesinos no es respetada como se debe, pero nosotros estamos buscando justicia…”

La historia de Putis en comic en la pluma de Rosell-Cossio-Villar.

Las fotos de la ropa del bebé y del ganchito son de Domingo Giribaldi de la muestra Si no vuelvo búscame en Putis.

Este artículo no ha salido publicado en ningún lugar antes. An English version can you find here.


Los autodidactas

Posted: Diciembre 13th, 2009 | Author: Rocío Silva Santisteban | Filed under: Kolumnas | Tags: | No Comments »
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Oscar Malca.

La semana pasada escribí en esta kolumna sobre la universidad. Confieso que fue una loa a las posibilidades del sistema universitario, y una queja sobre las desgracias que están sucediendo en él debido a las alas de sus ángeles negros (¿ahora nos dirán que se fueron a Grecia para que sus ruinas inspiren a nuestros congresistas sobre las maneras democráticas?).

Sin embargo, hay que dejar en claro que la universidad no es el único espacio donde se genera conocimiento, y sobre todo, donde pueden articularse “otros saberes”. La universidad en el Perú ha sido espacio de pensamiento, pero también los cafés y los bares, y últimamente, los espacios virtuales. El periodismo, como tradición, ha sido fuente inagotable de propuestas contundentes, de vanguardismo, de curiosidad por la erudición (ahora está a veces de capa caída, pero ese es otro cantar). Pero hay otros espacios que también han sido fuentes de conocimiento: las asambleas comunales, los mítines sindicales, las reuniones de los partidos políticos, los lugares privados donde las mujeres se juntan para tejer o coser.

Además hay en nuestra historia toda una serie de pensadores autodidactas, que no recibieron una educación formal, y que sin embargo se convirtieron en líderes intelectuales indiscutibles: de hecho el primero de la lista es José Carlos Mariátegui, quien tuvo que abandonar el colegio en primaria por un accidente que le perjudicó la pierna; su madre Amalia La Chira, le enseñó no solo las letras y la historia, sino la curiosidad por la lectura. De la misma época, podemos mencionar también al genial poeta José María Eguren, quien además fue un excelente fotógrafo y acuarelista; posteriormente habría que nombrar al poeta surrealista César Moro, quien escribió la mayoría de su obra en francés; o también al antropólogo Emilio Choy o al pintor arequipeño Teodoro Núñez Ureta, quien sin estudiar en una escuela, terminó siendo director de Bellas Artes. No olvidemos, por supuesto, a uno de los que cambió la manera de pensar sobre el arte popular en el Perú: me refiero a Joaquín López Antay, maestro retablista.

Hoy en día muchos intelectuales y periodistas destacadísimos son absolutamente autodidactas, como es el caso de la reconocida historiadora María Rostworowski, quien se matriculó como alumna libre en las clases de Raúl Porras en la UNMSM, pero no cursó los estudios regulares, o, en el otro lado del espectro, el incisivo periodista de investigación y varias veces editado –con varios libros en su haber– Gustavo Gorriti. El escritor de culto y tímido director de Somos Oscar Malca es a su vez autodidacta y una de las personas con una disciplina por la lectura, en varios idiomas, que realmente provoca envidia. Y otro colaborador de este suplemento, con una formación muy sólida en los principales filósofos franceses, es un autodidacta incluso para el aprendizaje de los idiomas: Alfredo Vanini.

La universidad, entonces, no es imprescindible para desarrollar métodos de aprendizaje ni mucho menos el afán por el conocimiento, ni siquiera, la profesionalización en la palabra. Más bien a veces la universidad peruana, en su implacable miopía burocrática, desconoce la relevancia de aportes como de los mencionados, pues exige que sean catedráticos solo quienes tienen un título o un grado académico, sin tomar en consideración que muchos pioneros no pasaron regularmente por las aulas. Es absurdo pero, si Mariátegui estuviera vivo, quizás lo estudiarían en la universidad pero no le permitirían dictar un curso.

Esta kolumna ha sido publicada en La República el domingo 13 de diciembre de 2009 (mientras escucho Juana Azurduy en la voz de Mercedes Sosa…)


Alas, ¿y buen viento?

Posted: Diciembre 11th, 2009 | Author: Rocío Silva Santisteban | Filed under: Kolumnas | Tags: | 1 Comment »

carlin-alas-peruanas-2Hace 25 larguísimos años trabajo en el sistema de la universidad peruana. En 1984 empecé a ser asistente de cátedra de Jorge Cornejo Polar en la Universidad de Lima, en el curso de Literatura Latinoamericana. Recuerdo perfectamente que tuve entre mis alumnas a la ahora conocida periodista Jackie Fowks, a quien califiqué con 20 un trabajo sobre Vallejo (¡¡brillante!!); también recuerdo que jalé a un guapo jovencito y hoy conocido productor de TV en Miami por ponerme su número de teléfono en el examen con un escueto: ¡llámame!

He estado vinculada a la universidad toda mi vida, mi padre fue profesor universitario y yo visitaba junto con él las universidades de Lima y La Cantuta cuando aún estaba en el colegio. Siempre he amado los claustros, los jardines de bullicio y alumnos descansando, las aulas vacías y llenas. Incluso la he amado en sus peores épocas, durante los 80, cuando mi alma mater la Universidad Nacional Mayor de San Marcos tenía todas las paredes pintarrajeadas de propaganda política o, peor aún, en los 90 cuando ya se encontraban limpias pero amenazadas por la presencia de los militares dentro del campus. No sé si será por un pánico a salir de sus claustros o por puro amor al conocimiento, pero tengo marcada en la frente esta idea: la universidad es una entrada a la libertad.

Por eso mismo el escándalo de la Universidad Alas Peruanas no me sorprende y sí me desalienta. Escribo este artículo luego de recorrer el stand de esta universidad en la Feria del Libro Ricardo Palma, y además de constatar que la mayoría de sus libros son de lujo y “tablebooks”, algunos bastante bien editados, puedo considerar que en realidad se trata de una producción para “figurar” más que para aportar al debate público, como es el caso de casi todas las otras universidades, incluyendo la tradicional San Marcos y sus producciones de la época de José Carlos Ballón, así como los bien cuidados libros de la Universidad Sedes Sapientiae. Si como reza el slogan sanmarquino “la universidad es lo que publica”, pues solo basta recorrer el stand de la feria para sospechar lo que hace tiempo sucede con Alas Peruanas.

Una universidad que funciona con una serie de acciones de amparo, que tiene un listado de procesos en el poder judicial cada cual más enrevesado que el otro, y no sabemos si da títulos a nombre de la nación o no, pero sí que reparte invitaciones para viajar a Francia o Finlandia tanto a magistrados como a congresistas, es una empresa que busca ganancias a toda costa, prebendas con el poder, y que no tiene ni como misión ni como visión una “educación de calidad”.

No sé si sea la universidad convertida en empresa lo que ha permitido esta debacle de la universidad en su conjunto. Alas Peruanas es la cereza del pastel. Debajo podemos encontrar otras tantas universidades que tienen como prioridad ir engañando muchachos haciéndoles creer que la educación puede ser un medio de movilidad social, de salida de la pobreza, de escape de la miseria, y que mientras más rápido entres a trabajar más rápido podrás ganar dinero, y si te dan un título convalidado en Estados Unidos, mejor porque te largas volando de este ruinoso país. ¿Quién ha sido el culpable de convertir a la universidad en este monstruo inmoral, apolítico y, sobre todo, estúpido? Eso es lo que representa el escándalo de Alas Peruanas: otra victoria de la estupidez humana.

Esta kolumna ha sido publicada el domingo 6 de diciembre de 2009 en La República. La caricatura es, como siempre, del genial Carlín quien recibió el miércoles 9 de diciembre el premio anual 2009 de la Coordinadora de Derechos Humanos.


Recorte de los beneficios penitenciarios

Posted: Diciembre 11th, 2009 | Author: Rocío Silva Santisteban | Filed under: Kolumnas | No Comments »

mujeres-encarceladas-con-traje-a-rayasUno de los objetivos de la punición es el resarcimiento a la sociedad, pero sobre todo, la rehabilitación del delincuente. Cuando se conoce una cárcel peruana, esta idea parece un mal chiste. ¡¿Cómo esos antros tugurizados podrían rehabilitar a alguien?! Sí es posible, y eso lo creen, lo saben y lo conocen personas tan disímiles como (el otro) Carlos Álvarez, discípulo de Hubert Lanssiers,  o la directora del Centro Penitenciario Chorrillos II, Gloria Estrada. Ambos, desde diferentes perspectivas, uno desde los derechos humanos y la religión, la otra desde el INPE y la criminología, están convencidos de que el trato humano a los sentenciados e inculpados permite por lo menos una reflexión profunda, sin odios ni resentimientos, frente a la sentencia que cumplen o tendrán que cumplir.

Por supuesto que también existen aquellos sentenciados e inculpados, cuya rehabilitación o, por lo menos, la posibilidad de reflexión personal y meditación sobre los actos origen de su reclusión, parece más que imposible; o también aquellos que por sobrevivencia pura y precaria, dentro de la cárcel se convierten en lacayos de otros prisioneros o forman “asociaciones ilícitas para delinquir” mucho más refinadas que las previas. Es cierto, existen, pero no son la mayoría. Por eso mismo, las reacciones absurdas de la sociedad al pretender que subiendo las penas o permitiendo la pena de muerte se conseguirán mejores resultados que con el trato humano al sentenciado, son absurdas. Son hipócritas. Son, en buena cuenta, estúpidas. Producto del pánico a tratar de entender las razones del otro. Las prisiones concebidas como tumbas en vida –y que los españoles del siglo XVI llamaban mazmorras– dejaron de tener sentido en el derecho penal contemporáneo. Esta sinrazón tiene varios motivos de origen que se basan en el reconocimiento del prisionero como un ser humano con derechos fundamentales: vivir, pensar, amar.

La semana que pasó Mirko Lauer sostuvo en su columna diaria que en el Perú hay una tolerancia hacia los presos debido, a veces, a una cierta conmiseración de la opinión pública ante quien ha perdido su libertad. Creo que es relativo y básicamente depende del tipo de preso. La opinión pública puede tener concepciones totalmente diferentes si hablamos de Alberto Fujimori, Vladimiro Montesinos o Abimael Guzmán, los tres habitantes más importantes de las cárceles peruanas. La vejez de Fujimori a veces provoca conmiseración, el cinismo de Montesinos desprecio y los libros de Guzmán ataques de pánico. Pero, en términos generales, y sin pensar en estas estrellas del firmamento punitivo peruano, los otros presos y presas son ninguneados, despreciados y sobre todo olvidados, porque es más fácil no pensar en ellos, porque es más simple “congelarlos” en un espacio vacío y flotante. La prensa chicha se escandaliza ante la salida de un grupo de presas para participar en un programa de televisión: ¡a quién le hacen daño! Muy por el contrario, es un estímulo, una posibilidad de entender que la vida todavía vale la pena aún en el encierro. ¿Los colegas periodistas acaso quieren que las presas estén engrilletadas, con “régimen” (reclusión unicelular y salidas a patio de dos horas) y sin la posibilidad de recibir una caricia de sus propios hijos? No, resarcimiento a la sociedad no es venganza, señores. Los leprosorios morales están generalmente fuera de prisión y más cerca de los medios.

Entender que los presos tienen derechos fundamentales no es ser “blando” sino creer que las sanciones no deben ser crueles ni infamantes. La cárcel no es la única ni la mejor forma de hacer cumplir una sentencia social: eso lo han demostrado los ronderos de Cajamarca al incluir dentro de su régimen de administración de justicia castigos que permitían al delincuente o infractor incorporarse a su comunidad lo más rápido posible, después de una sanción ejemplar. Pero en la sociedad Lima-centrada en la que vivimos algunos creen que recortando beneficios van a conseguir propósitos punitivos, cuando, en realidad, solo actúan para el aplauso de las graderías.

Esta kolumna fue publicada en La República el domingo 29 de Noviembre de 2009. La fotografía es de aquí.


Pishtacos y espías

Posted: Diciembre 11th, 2009 | Author: Rocío Silva Santisteban | Filed under: Kolumnas | No Comments »
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La imagen es de la película El Laberinto del Fauno del director Guillermo del Toro. Obviamente no es un pishtaco, ni un espía (mensaje para los que no entienden que esta kolumna es una ironía sobre la malinformación de la prensa y la policía sobre un mito y no una noticia).

Al parecer no es solo uno: varios serían los ladrones de grasa humana; así como varios los traidores a la patria. Los pishtacos de la actualidad podrían pasar piola como cocaleros del valle del Monzón; los espías contemporáneos han perdido el glamour de la guerra fría y son apenas parecidos a cualquier mediocre corrupto. Los pishtacos huanuqueños actuaban como operadores del capitalismo global que requiere de materias primas tercermundistas, en este caso grasa humana, para la elaboración de “cosméticos”. Los espías recibían dinero por Western Union –el gran Money Exchange de los inmigrantes pobres globalizados– y lo utilizaban para amortizar deudas bancarias. Real y patético.

Es así que dos de los clásicos estereotipos de los géneros literarios –el monstruo perverso y desafiante, el traidor que vende a su nación por un puñado de monedas–han pasado de lo temido como amenaza a lo vivido como realidad; de las páginas de los cuentos andinos y las novelas negras a las de los periódicos, revistas ¡y como noticia del twitter de The Guardian! Nada más y nada menos. 

Hoy en día la ficción aburre cada vez más y se ponen de moda las biografías, los testimonios, los biopics y la historia reciente: las noticias requieren de “aires de novela” y los espectáculos basados en la realidad (reality-shows) son el género televisivo por antonomasia. Las telenovelas se basan en historias de grupos musicales reales y las novelas escritas, sobre todo las del decadente realismo-sarcástico-urbano, se basan en los diarios personales de sus autores. Puro aburrimiento.

No es de extrañarse, por cierto, que los peruanos percibamos muchas veces la realidad como ficción y viceversa, y que dentro de la atronadora caja china que es la nación, con sus compartimentos-estanco, sus oasis sureños solo para ricos y sus devaneos racistas, descubramos que su núcleo duro es una parodia. Y mientras tanto siguen las movilizaciones, la crisis de partidos, los conflictos sociales provincianos, la impunidad de los congresistas y las reuniones de ejecutivos que palpan sus bolsillos antes que palpar la realidad. 

Esta kolumna ha sido publicada el domingo 22 de Noviembre de 2009 en La República.


Clo & Mechita

Posted: Diciembre 11th, 2009 | Author: Rocío Silva Santisteban | Filed under: Kolumnas | No Comments »

clorinda-mercedes-solo-fotoHace cien años murieron dos de las mujeres pioneras del periodismo de nuestro país: me refiero a Clorinda Matto y a Mercedes Cabello. Ellas representaron no solo el esfuerzo de las primeras mujeres ilustradas por el conocimiento –tuvieron la suerte de ser educadas por maestras que les enseñaron idiomas, por padres que les abrieron las puertas de sus bibliotecas y de sus mentes– y por la búsqueda de justicia –en el caso de la cusqueña Clorinda por los indígenas, Mercedes por las propias mujeres– sino también la pluma de las primeras peruanas que decidieron escribir en revistas y periódicos para participar a través de la prensa en el debate público.

Grimanesa Martina Matto Usandivaras nació en Calca, Cusco, en 1852. Luego de casarse con el comerciante Joseph Turner escribe una serie de “Tradiciones cusqueñas” que le dan mucho prestigio. Después de enviudar a los 28 años se traslada a Arequipa donde dirigió La Bolsa, y finalmente cuando llegó a Lima lo hizo para dirigir una de las revistas más importantes de la época: El Perú Ilustrado. Por la misma fecha (1889) publicó Aves sin nido, novela que causó un gran revuelo pues en sus páginas denunciaba las inmoralidades del clero (un hombre y una mujer no pueden culminar su amor porque se enteran que son hermanos e “hijos de cura”). La Iglesia no olvidaría la ofensa, y pocos meses más tarde, el arzobispo de Lima denunció a la severa Clorinda de “pornógrafa” por publicar en El Perú Ilustrado el cuento “Magdala” de Henrique Coelho Netto (se insinúa una relación non santa entre Jesús y María Magdalena). La excusa fue perfecta: Clorinda es ex comulgada y debe renunciar a la revista. Aves sin nido engrosa el index de libros prohibidos y, como es lógico, se convierte en un best seller. A los pocos años, luego de intentar sacar adelante una pequeña imprenta, Matto es repudiada por Nicolás de Piérola y su casa e imprenta son saqueadas. Tiene que salir del Perú y finalmente muere en Buenos Aires.

La vida de Mercedes Cabello tampoco fue un lecho de rosas, a pesar de que, gracias al apoyo de su familia, Cabello se convierte en una de las primeras intelectuales peruanas del s.XIX. Quizás uno de los motivos fue su estirpe moqueguana: en ese entonces una especie de centro cultural y bibliófilo bastante activo, donde Mercedes pudo aprender varios idiomas y disfrutar de las excelentes bibliotecas de su padre y de su tío. A los 22 años se traslada a Lima y luego se casa con el médico Urbano Carbonera, quien, paradójicamente, la contagia del mal que la llevaría a la “parálisis general progresiva” primero, y a la muerte después: la sífilis. Mercedes Cabello escribió encendidas defensas de la educación de la mujer y varias novelas, dos de las cuales fueron las más conocidas: Blanca Sol y El conspirador, una denuncia frontal contra el gobierno de Nicolás de Piérola.

Clorinda tenía la mirada severa, los ojos encapotados, lentes redondos y una boca muy fina. En uno de sus retratos clásicos se le ve como una severa matrona, con un sombrero de visera y flores de tocado. Por el contrario, Mercedes no usaba lentes, los ojos eran grandes y las cejas muy pobladas, el pelo ensortijado y la cara cuadrada. Clorinda intentó ser sutil y fue una mujer muy astuta; Mercedes nunca tuvo pelos en la lengua y sus denuncias siempre fueron directas y en voz alta. Ambas fueron repudiadas: Clorinda huyó al exilio, Mercedes al manicomio.

Gracias al temple de ambas, se abrieron muchos caminos que nosotras, hoy, transitamos con tanta fluidez. Acá en el Perú las mujeres les debemos –como se dijo sobre Simone de Beauvoir en Francia– todo. ¡Les debemos todo!

Esta kolumna ha sido publicada el domingo 15 de Noviembre de 2009 en el diario La República.


Levi Strauss sin jeans

Posted: Diciembre 11th, 2009 | Author: Rocío Silva Santisteban | Filed under: Kolumnas | No Comments »
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El antropólogo belga murió en noviembre de 2009. Tenía cien años cumplidos y una obra que ha dejado huella.

La primera vez que escuché hablar de Claude Lévi-Strauss tenía trece años y mi padre se había enfrascado en una conversación con un colega sobre algunos detalles de su famosa teoría estructuralista.  La única referencia que tenía personalmente de ese nombre era la marca de mis blue jeans y haciéndome la sabihonda, les hice el comentario respectivo, y la respuesta fue una sonora carcajada. Como me quedé con el puchero asomando suavemente por las comisuras de los labios, mi padre me prestó “Tristes Trópicos”, en una edición de Editorial Tusquets. No entendí nada. Ese libro contenía palabras que no estaban consignadas en mi Pequeño Laurousse Ilustrado. Me dio tanta cólera, que me hice el firme propósito de entenderlo.

Solo muchos años después, dictando el curso que ahora llevo en la Universidad Ruiz de Montoya, he podido tratar de entender un poco más la mente genial del recientemente fallecido antropólogo y etnólogo belga. Lévi-Strauss fue quien hizo comprender a la intelectualidad occidental que las diferencias entre “salvajes y civilizados” en realidad son solo asunto de matices y de lo que posteriormente se denominó “etnocentrismo”, es decir, creer que nuestra cultura es la “buena, correcta y única posible”. Lévi-Strauss provocó con sus propuestas los primeros acercamientos a la alteridad radical, la idea de que cada ser humano organiza una cultura según su entorno y que cada cultura tiene una serie de normas lógicas que permiten, precisamente, la supervivencia.

Si bien es cierto que hoy en día algunas de sus propuestas han quedado rezagadas por los acercamientos antropológicos de Clifford Geertz o de otros autores, el magisterio que Lévi-Strauss ejerció sobre la incipiente ciencia de la antropología durante los años 50 y 60 del siglo pasado es de una importancia capital.  Y no solo para esa ciencia: sin Lévi-Strauss el psicoanalista Jacques Lacan no hubiera podido desarrollar el empaque “cultural-lingüístico” de su obra y Simone de Beauvoir no hubiera podido escribir “El segundo sexo”, pues es Lévi-Strauss quien le presta su tesis de doctorado aún inédita para que ella posteriormente desarrolle su idea-fuerza “la mujer no nace, se hace”.

Dos hechos vitales fueron fundamentales para el desarrollo de la obra de este antropólogo que odiaba los viajes: precisamente su primer viaje a Brasil huyendo del servicio militar francés –donde pasó mucho tiempo con los indígenas del Matto Grosso– y su estancia en Nueva York, donde conoció al lingüista ruso Roman Jakobson, y pudo afinar su teoría estructuralista, sin duda, una de las propuestas de pensamiento más influyentes del siglo XX. El primer libro de sus famosas Mitologías, “Lo crudo y lo cocido”, se refiere precisamente a la importancia de la gastronomía y la ingesta calórica para organizar, muchas veces, las diversas maneras de pensar: sin posibilidad de cocción de los alimentos, no hay “concepto” de crudo ni de cocido. Solo la experiencia permite crear nuevos paradigmas.

Me cuentan, no sé si será verdad, que a veces Claude Lévi-Strauss, con sus cien años a cuestas, se aparecía a mediodía por la ventana de su oficina, y que la gente en las calles de París lo aplaudía.

Esta kolumna fue publicada el domingo 8 de noviembre en La República.