Posted: enero 22nd, 2012 | Author: Rocío Silva Santisteban
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About: Rocío Silva-Santisteban Manrique (Lima, 1963)
Doctora en Literatura Hispánica por la Universidad de Boston, EE.UU, se graduó con la tesis "El Factor Asco. Basurización simbólica y discursos autoritarios en el Perú contemporáneo". También es magíster en Literatura Latinoamericana (Universidad Nacional Mayor de San Marcos), diplomada en Estudios de Género (Pontificia Universidad Católica) y bachiller en Derecho y Ciencias Políticas (Universidad de Lima). Ha publicado seis libros de poesía, uno de narrativa, uno de crítica cultural y ha compilado tres libros de ensayos (estudios culturales, género y literatura y el último de poesía). Actualmente es la Secretaria Ejecutiva de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos. Escribe semanalmente una columna de opinión para el diario La República.See Authors Posts (190) | Filed under: Kolumnas | Tags: cultura, derechos humanos | No Comments »
Debo confesar que yo viví en un mundo sin internet. Es más: en un mundo en el que la única tecnología para difundir textos era una simple máquina de escribir mecánica que sonaba con un traqueteo en sordina permanente cuando uno apretaba con fuerza sus teclas. Escribí mi tesis de Derecho en una de esas máquinas, usando libros que me prestaban por dos días en la biblioteca, con información que copiaba a mano en unas fichitas blancas a rayas porque tampoco existían las fotocopias. El material que requería debía conseguirlo por vínculos con mis compañeros, amigos o con mis profesores, en la biblioteca de mi universidad y en la Biblioteca Nacional, buscando durante horas para encontrar apenas algunos datos. Investigar en esos años era, verdaderamente, un trabajo de hormiga humana.
Por eso recuerdo aquella tarde de 1996, o quizás antes, cuando en el edificio de la calle Miro Quesada, donde funcionaba la revista en la que trabajaba free lance, una colega me enseñó lo que era yahoo.com y pude crear mi primera cuenta de correo electrónico. Desde varios años antes escribía una columna de libros en la computadora de mi casa y todos los martes me tenía que trasladar con mi disquete y los libros en la mano al local de la revista en el centro de Lima para entregar el material y para que escaneen las carátulas. Cuando apareció internet y la posibilidad de no ir todos los martes al centro era absolutamente tentadora (ya me habían regalado un escáner), logré enviar mis columnas con sus respectivas fotos por esa cuenta del correo, entrando por una conexión clandestina a la internet apenas los minutos suficientes para que salgan los emails (no había tarifas planas; cada minuto eran soles contantes y sonantes). Esa sola posibilidad me evitó traslados, gastos y tiempo perdido.
Luego, junto con mi padre, descubrimos que esos CDs pirateados de la Enciclopedia Británica comprados en una tienda de la avenida Garcilaso (ex Wilson) no eran tanta maravilla en comparación con las increíbles posibilidades de acceso al conocimiento que ofrecía esa Biblioteca de Babel del mejor sueño de opio borgeano: internet era información gratuita subida a la red por miles de personas en diferentes partes del mundo que la compartían porque les daba la gana. En ese entonces casi todas las páginas de información interesantes estaban alojadas en una web que se llamaba Geocities y los buscadores más usados eran Yahoo o Altavista. Para tener una página web se debía conocer lenguaje html y ser un verdadero webmaster; por eso mismo, compartir información no consistía solo en divulgar sino en interesarse por ser parte de una comunidad de inteligencias operando a favor de otras. Lo he dicho: el sueño borgeano.
Ahora los republicanos de los Estados Unidos pretenden parar esta transmisión de información con una ley antipiratería que en la práctica debilita la difusión del conocimiento transmitido por miles de usuarios libérrimos e incluso fuera de su ámbito jurisdiccional. El país de las libertades contra la más importante de todas: la posibilidad de tener conocimiento. Sin internet no se hubieran logrado muchas formas de empoderamiento; por eso, hay que luchar por la divulgación libre. El Art. 27 de la Declaración Universal de los DDHH reconoce al acceso al conocimiento como un derecho fundamental y, por lo mismo, el acceso a internet es un derecho humano.
Esta kolumna ha sido publicada en La República el domingo 22 de enero, a pocos días de la Gran Marcha del Agua.
Posted: enero 15th, 2012 | Author: Rocío Silva Santisteban
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Doctora en Literatura Hispánica por la Universidad de Boston, EE.UU, se graduó con la tesis "El Factor Asco. Basurización simbólica y discursos autoritarios en el Perú contemporáneo". También es magíster en Literatura Latinoamericana (Universidad Nacional Mayor de San Marcos), diplomada en Estudios de Género (Pontificia Universidad Católica) y bachiller en Derecho y Ciencias Políticas (Universidad de Lima). Ha publicado seis libros de poesía, uno de narrativa, uno de crítica cultural y ha compilado tres libros de ensayos (estudios culturales, género y literatura y el último de poesía). Actualmente es la Secretaria Ejecutiva de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos. Escribe semanalmente una columna de opinión para el diario La República.See Authors Posts (190) | Filed under: Kolumnas | Tags: derechos humanos, Memoria, terrorismo, video, violencia | No Comments »
Huamanquiquia, 1° de julio de 1992. Un grupo de cinco senderistas entraron a este poblado ayacuchano, golpearon a los que pudieron, les cortaron las trenzas a las mujeres y luego procedieron a asesinar a 18 personas. Fue la última masacre. Hubo decenas de masacres anteriores. Las peores fueron Lucanamarca, con 90 personas asesinadas a machetazos, y el caso del “Expreso de la Muerte” o “Expreso Cabanino” (ver video arriba), con más de 160 personas asesinadas por un grupo al mando del “camarada José” y a bordo de un terrorífico ómnibus interprovincial, que atravesó 34 poblados, asesinando a casi todos los que encontraron a su paso. ¿Es posible olvidarlos?
No podemos olvidar lo que significó el PCP-SL en nuestro país: para eso hay que leer el respectivo informe de la CVR y el capítulo dedicado al principal causante de la mayor cantidad de muertes durante el conflicto armado interno. Aducir un argumento democrático para inscribir a un partido cuyas siglas consignan la palabra “amnistía” y cuyo objetivo es que se deje libres a todos los perpetradores de violaciones de derechos humanos es verdaderamente entender que la democracia es estúpida. Y la democracia no puede ser imbécil. La democracia no puede permitir que un grupo de personas utilice los recursos de la democracia para fines antidemocráticos. Eso sería sostener al Estado de Derecho en una falacia. Por eso consideramos que el JNE debe impedir la inscripción del Movimiento por la Amnistía y los Derechos Fundamentales (Movadef).
Precisamente, el Movadef coincide con algunos sectores militares en considerar que la reconciliación puede darse sobre la base del olvido, de la negación de justicia a miles de víctimas, situación que es totalmente improcedente. La única manera en que se dé una verdadera reconciliación es sobre la base de la memoria y la justicia, y eso implica planes de búsqueda de desaparecidos y juicios justos a todos los violadores de derechos humanos, así como reparación para las víctimas. Un asunto es la libertad de opinión, otro totalmente diferente es permitir que un grupo desestabilizador utilice el sistema democrático para sus objetivos subalternos. Por eso mismo sería un verdadero despropósito no rechazar firmemente esta pretensión.
Para aquellos jóvenes y no tanto que sostienen que una democracia debe aceptar todas las ideas y, por lo tanto, aceptar la inscripción de un movimiento como Movadef en el registro de partidos electorales, creo que están equivocados y confunden libertades democráticas con mal uso de las normas electorales. Que no se inscriban como partido político no implica que no dialoguen o que no puedan debatir sobre sus ideas: Alfredo Crespo ha pasado por todos los canales de televisión y, en la medida que somos una democracia, ha debatido hasta con Mónica Delta. Tiene libertad de decir lo que piensa y de defender a Abimael Guzmán, precisamente porque en una democracia hasta Guzmán tiene derecho a un abogado. Pero convertir el Movadef en un partido legal sería simplemente convertirnos en una sociedad amnésica. Y en nuestro país olvidar el conflicto armado interno es inmoral.
Kolumna publicada en suplemento Domingo de La República.
Posted: enero 8th, 2012 | Author: Rocío Silva Santisteban
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Limeño en Plaza de Armas del Cuzco.
“Míralos”, me dijo el ingeniero ayacuchano mientras caminábamos por la Plaza de Armas, “vienen con sus camionetas 4×4, su jean, su polo blanco, sus lentes de sol, se sientan en las bancas de la plaza con los brazos sobre el respaldar, creídos, arrogantes, desafiantes, y nos miran como si fueran los conquistadores”. Esa era la descripción que hacía un ayacuchano de un limeño hace más o menos seis años. No de cualquier limeño, sino de aquellos, ya sean turistas o ingenieros mineros u operarios de grandes empresas, que se perciben a sí mismos como los dueños del Perú y que andan por un lado u otro sin ver siquiera con una mirada nítida al otro provinciano que, en múltiples oportunidades, los saluda sin esperar nada. Y, por supuesto, muchas veces ni siquiera recibe un saludo de vuelta. Los limeños o limeñas que se mueven por diversas razones a las tantas ciudades del Perú, y a los que no les importa más que su diferencia sin interesarse en la cultura local, están creando un odio al limeño que se encarama sobre cientos de años de centralismo sedimentado por resentimientos mutuos.
El crecimiento económico centralizado en Lima y en las grandes capitales como Arequipa o Trujillo ha producido un consumismo que, por momentos, es vergonzoso y estúpido. Pero sobre todo ha planteado nuevas brechas que separan a los que pueden consumir de los que no pueden ni pensar en hacerlo. Los que no piensan siquiera en eso generalmente son los pobres rurales, de la sierra o zonas como Ucayali o Madre de Dios, que ni por asomo pueden tener acceso a ese consumo, y que muchas veces tampoco les interesa, pues sus vidas están centradas en otras formas de entender el mundo. Por eso, esa mirada que centra el desarrollo en el florecimiento de “malls” en provincias es una mirada básicamente urbana de capas altas. O en el boom de los restaurantes de “concepto” en los cuales una pareja de jóvenes limeños, publicistas por ejemplo, pueden gastar en una sola cena lo que le pagan a su empleada del hogar durante un mes y sin seguro ni horas extras. O en la movilidad de los empresarios que cada año se pasean con el CADE a Cusco o con Perumin a Arequipa, con sus ternos y sus blackberries, copando restaurantes y lounges, pero sin ver siquiera la ansiedad local por esa supuesta posibilidad de progreso.
No debe sorprender, entonces, que durante el paro cajamarquino previo al estado de emergencia la reacción de la población local contra la prensa limeña haya sido tan agresiva y confrontacional: se tenía la percepción, creo que verdadera, de que los medios televisivos desde Lima presentaban a unos cajamarquinos rabiosos que seguían los dictámenes de cuatro radicales porque no sabían lo que les convenía. Infantilizados. Reducidos a ovejas. Prestos a ser tutoriados, como toda la vida lo fueron los subalternos en el Perú. Y la misma percepción fue con Puno, con Bagua, con Tambopata, con Espinar.
Las brechas entre el sentir de las provincias frente a la arrogancia limeña se ensanchan y profundizan como el Cañón del Colca: dividiendo con un tajo hondo a los de un lado y del otro que, sin embargo, se miran de reojo… y se desprecian mutuamente.
Esta kolumna se publicó en La República el domingo 8 de enero de 2012.
Posted: enero 1st, 2012 | Author: Rocío Silva Santisteban
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“Te vas a quemar” me dijo Vicente Santuc, filósofo y sacerdote jesuita, cuando le comenté que había aceptado ser secretaria ejecutiva de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos. Quizás tenía y tiene, aún ahora después de muerto, razón. Aunque tal vez Vicente Santuc no pudo vivir lo suficiente como para entenderme y pensar que por la defensa de los derechos humanos, en un país tan refractario a ellos como el nuestro, bien vale una chamuscada. ¿Por qué? Porque –y a pesar de que no tengo ninguna vocación de Juana de Arco– es imprescindible defender algunas ideas en los debates públicos, sobre todo, si ellas están vinculadas directamente con el tema de la vida y de la muerte. Lamentablemente los marcos del debate convierten al mismo en un arma de doble filo, pues como se trata de un asunto técnico-jurídico, y en la medida que el derecho se basa en principios éticos y no en logaritmos o teoría de los quanta, todos pueden entrar a él y debatir sobre procesos, aun cuando no manejen ni la información ni la lógica de sus marcos teóricos. Y al entrar todos a opinar se confunden argumentos de fondo con acusaciones ad hóminem.
En otras palabras: la discusión se descalabra en adjetivos calificativos de baja estofa, de todos los lados, negando humanidad al otro y, es más, incluso no permitiéndole la voz, porque se la cierran a gritos, histéricos, o con dosis de cinismo. Así entonces las ideas se deshacen como me ha pasado a mí esta semana, que debí recibir por múltiples redes sociales epítetos como los que vienen a continuación, y vayamos por gradientes: “insensible”, “indolente”, “soberbia”, “vil”, “vendepatria”, “atomizada” (¿¿??), “filoterrorista”, “pro-terruca”, “perra”, “cucaracha“ y demás insectos e insultos impublicables, además de amenazas de muerte. Entiendo que este nivel es auspiciado, promovido e incluso financiado por intereses subalternos de los poderes fácticos, escondidos detrás de los medios de comunicación fascistas disfrazados de liberales –que de liberales no tienen ni una sombra leve– y, por supuesto, totalmente funcionales a las necesidades criminales de los impunes de toda la vida. ¿A quién le interesa que los derechos humanos no sean promovidos al más alto nivel internacional? Fácil: a los violadores de derechos humanos. ¿Cuál es el principal violador de derechos humanos en este país? Exacto: ¡que se escuche en la Diroes!
Sin embargo, lamento que luego de diez años de democracia, con tres elecciones seguidas y sostenidas, no hayamos aprendido a debatir ni se tenga la más mínima idea de cuáles son las formas democráticas para plantear argumentos. Es penoso y vergonzoso pero seguimos siendo autoritarios, toscos, absurdos: no debatimos; nos bronqueamos. Se ha desinformado a la opinión pública, se ha mentido a la mejor manera de Himmler, se ha difamado, se ha insultado, pero no se ha debatido. O muy poco, apenas en medios impresos, y a duras penas. Y encima se ha levantado la duda sobre los comandos de Chavín de Huántar cuando su actuación no ha estado en discusión sino la de los “gallinazos”, a las órdenes del prófugo coronel Zamudio.
Me temo que esto se debe, también, a que no hay muchos argumentos del otro lado: si estos tres terroristas fueron ejecutados extrajudicialmente por órdenes de Montesinos y Hermoza Ríos entonces pasaron a convertirse en “víctimas” de ejecuciones extrajudiciales. Los héroes no asesinan a rendidos.
Publicado el domingo 1 de enero de 2012 en La República.
Posted: diciembre 25th, 2011 | Author: Rocío Silva Santisteban
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Mi nacimiento, Frida Kahlo, 1932.
Mientras lees estas páginas, desocupado/a lector/a, tengo la esperanza –un deseo modesto de esta columnista– de que hayas podido desperezarte de los días navideños y a su vez de que hayas sido, aunque sea efímeramente, feliz, en todo el sentido de la palabra, sobre todo, después de haber reflexionado sobre lo que implica nacer, más aún en la pobreza y sin mirra ni oro ni incienso. Ahora la Navidad parece no escapar del absolutismo capitalista que cualquier afecto lo convierte en producto (regalos, panetón, luces de colores), cuando el punto fundamental de la misma, incluso para los más agnósticos, debería por lo menos entrañar una reflexión sobre lo que significa venir a la vida: nacer.
Nacer pobre: sobre todo. Nacer siendo excluido de los excluidos. Nacer, por ejemplo, de una violación sexual durante los días aciagos de la década del 80, en las alturas de Chungui, Ayacucho, producto del odio que tu padre, el “enemigo” (ya sea, tuco, compa o moroco), quiso dejar como huella sobre tu madre, la “enemiga”, campesina virgen que solo conocía de lejos el olor del sudor masculino, precisamente aquel que no sale de su cerebro cuando, debido al trauma que regresa una y otra vez, presiente cualquier roce. Ese mismo trauma que perforó todos sus sentimientos y sensaciones y que enturbió el primer instante en que te pusieron sobre sus brazos. Nacer de una violación sexual no solo implica venir al mundo, sino también que nunca ese hombre odioso que intentó perforar las entrañas de tu madre te reconocerá como hijo. Y si lo hace, a regañadientes, porque prácticamente le pusiste el ADN en las narices luego de todos esos papeles membretados del juzgado de turno, te recordará el odio, la venganza, el desquite de esa bastardía originaria que, por cierto y hablando desde una perspectiva histórica, es casi el origen de la peruanidad.
Sin embargo, nuestra ministra de la Mujer ha dicho que en el momento del reconocimiento de la madre de ese hijo surge “un vínculo sobrenatural”. No sé cuáles serán las experiencias que ella ha recogido, sin embargo, yo que he leído algunas decenas de testimonios de mujeres violadas durante el conflicto armado, la mayoría de ellas sostiene que no fue tan así. En realidad, que no es así. Más bien tuvieron que ir aprendiendo una maternidad que, en la medida en que pudieron darle un contenido diferente, desde la palabra, desde el apoyo psicológico que algunas tuvieron, la percibían como una limpieza de ese primer momento de la violación sexual. Para muchas mujeres violadas la maternidad es un aprendizaje difícil, durísimo, de la posibilidad de seguir viviendo a pesar de todo. ¿Y qué ha pasado con aquellas que no tienen ese apoyo?, ¿qué maternidad viven con esos hijos que les recuerdan permanentemente la afrenta?
Francamente no necesitamos ni vínculos sobrenaturales ni voces infraterrenales que nos impelen a inmolarnos; lo que requerimos son políticas públicas de equidad que se respeten. Lo que debe hacer el Estado peruano con esas mujeres violadas es otorgarles reparaciones en salud mental que puedan permitirles un espacio personal para procesar el trauma y seguir adelante.
Kolumna navideña publicada en Domingo de La República, a la fecha.
Posted: diciembre 18th, 2011 | Author: Rocío Silva Santisteban
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Imagen de la muestra Yuyarisun, SER, 2004.
Violencia sexual durante conflicto armado interno
“Ollanta Humala Tasso ha sido militar, sabe las cosas que han pasado” es lo que sostiene la señora D., morochuca de la zona de Cangallo, que en tanto heredera de una tradición de luchadores y guerreros no se amilanó ante las ofensas y violaciones de derechos humanos que sufrió durante los años 80 y pudo defender su dignidad denunciando a quienes la habían violado. Y agrega: “Nosotros no nos victimizamos, no nos quedamos llorando sin hacer nada, nosotras luchamos”.
No es fácil, al contrario, salir adelante y denunciar este delito implica asumir muchos dolores, una entereza a prueba de dilaciones, de engaños, de postergaciones y una tenacidad contra esos procesos burocráticos verdaderamente kafkianos. ¿Por qué el Estado maltrata a mujeres que han sido violentadas en sus cuerpos por miembros de instituciones del Estado?, ¿por qué muchas veces sobre ellas recae la carga de la prueba?, ¿por qué no se les cree?
La semana que acaba de pasar llegaron de diferentes partes del Perú, de Ayacucho, Huánuco, Huancavelica, Junín y otros lugares, mujeres que han podido abrirse paso contra el miedo y el silencio de los años, contra las puertas cerradas de las instituciones del Estado, para dejar constancia de que fueron violadas o abusadas sexualmente, tanto por los miembros de las Fuerzas Armadas como por los miembros de los movimientos subversivos o por ronderos de comités de defensa. Hablaron ante fiscales y funcionarios del Estado en el recinto de la ONU en un seminario sobre el tema. Y junto con ellas nos preguntamos por qué desde los diversos lados del conflicto las mujeres fueron sometidas, humilladas, doblegadas, oprimidas y avasalladas. Simplemente porque el cuerpo de la mujer, desde los primeros enfrentamientos humanos, ha sido motivo de caza, de pelea, de discusión, pero sobre todo botín de guerra y ensañamiento con el enemigo.
D, J, I, M, S, E, M, A, A y todas las demás rosas, marías, elenas o angélicas, aquellas que portan sobre sus cuerpos la herida de la guerra, nos exigen volver a recordar y entender que lo personal, lo propio del cuerpo, los daños que se ejercen sobre él, son también políticos. “No hemos sido solo violadas sino violentadas, maltratadas, nos han dejado desnudas, me agarraron como a Túpac Amaru jalándome de los brazos y las piernas”, nos dice A, con lágrimas negras de rabia. Esa violación sexual y otras miles fueron permitidas y alentadas por los grupos de varones, que constituyeron todos los lados del conflicto armado interno. Esa violación sexual y otras formas de abusos, como manoseos, desnudamientos, uniones forzadas y abortos forzados, fueron justificadas por sus mandos o comandos alegando que la sexualidad del varón es irrefrenable. Esta estúpida justificación la han pronunciado generales y terroristas.
Sin embargo, contra todo pronóstico, estas mujeres siguieron adelante y educaron a sus hijos e hijas, producto de esos abusos, y ahora tienen nietos, pero aún no tienen ni justicia ni reparación. Exigir justicia y reparación es nuestro deber para poder salir del proceso perverso del sometimiento durante los años del terror y de ese rol pasivo que casi todos cumplimos en él. Asimismo, para seguir adelante como víctimas de toda esa violencia, es bueno recordar lo que una poeta americana –Adrienne Rich– dijo en uno de sus versos: “la fuente de sus heridas era la fuente de su poder”.
El título de esta kolumna, publicada en la fecha en La República, lo recogí de las ronderas de Cajamarca cuando hacía mi investigación en 1987, para ellas la justicia de la ciudad estaba conformada siempre por esas “malas injusticias” que les cometían.
Posted: diciembre 11th, 2011 | Author: Rocío Silva Santisteban
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Muchos nos sorprendimos, honestamente, por la orden del estado de emergencia en Cajamarca. A pesar de que teníamos información de la llegada de tropas, oficiales e incluso generales jefes de batallones de Arequipa y Tumbes, así como centenas de policías movilizados desde la costa, la posibilidad de decretarlo nos parecía, en un análisis elemental, increíble y exagerada. Pero como escribió Guamán Poma hace cientos de años, todo es posible en el “reyno del Pirú y no ay remedio”.
Recuérdese que uno de los primeros conflictos sociales del gobierno de Alan García comenzó en el 2006 en una zona cerca de La Encañada, llamada Combayo, y para solucionarlo AGP envió al entonces premier Jorge del Castillo, quien luego de días de diálogo logró firmar un acta de compromiso entre los dirigentes y Carlos Santa Cruz, de Yanacocha, en un conflicto que ya había producido la muerte del campesino Isidro Llanos. La situación fue mucho más severa y, a pesar de todo, no se pensó siquiera en decretar estado de emergencia ni se movilizó al ejército.
Luego vinieron los devaneos académicos del presidente con su falaz tesis del perro del hortelano y se incrementaron los conflictos como nunca antes en nuestro país. Lo que quiero dejar claro es que, a pesar de las múltiples críticas que podemos tener sobre la gestión de conflictos en el régimen anterior, no se usó la medida autoritaria por antonomasia a la que tienen acceso las democracias siempre excepcionalmente.
El “giro autoritario” de este gobierno en este contexto, pues, sorprende. No hubo necesidad, no era pertinente, y es problemático para apaciguar el malestar de la población. Sin embargo, tiene una explicación: hay una necesidad urgente del presidente Ollanta Humala de dejar en claro que Cajamarca es el PLAN PILOTO para evitar que otras regiones del Perú, donde sí hubo muertos en el pasado y los dirigentes son menos dialogantes, puedan usar el recurso de la protesta social. Por eso mismo, junto con el estado de emergencia se ha decretado una suspensión de las partidas del gobierno regional, lo que implica que cerca de la Navidad se va a dejar a decenas de empleados y proveedores sin posibilidades económicas. Asimismo se detuvieron por horas y de manera arbitraria a varios dirigentes, con excusas varias, y se ha levantado el tema del pasado emerretista de Wilfredo Saavedra; sin embargo, el dirigente Milton Sánchez Cuba, quien no tenía antecedentes ni pasados difusos, ¡ahora está fichado por “terrorismo”!
El plan B, por lo visto, fue en realidad una primera prioridad en Cajamarca. Quizás por eso mismo la actuación del ministro del Interior al interior de la mesa de diálogo fue obstructiva como comentan varios dirigentes, muy al otro lado de la actuación de Lerner. El domingo pasado en Cajamarca hubo una marcha cívico-militar de demostración de fuerzas a la que asistieron, entre otros, Carolina Trivelli, con cierto aire de perplejidad. ¿Es necesario que la ministra de Inclusión sea protagonista de estas demostraciones de arrogancia? Cuidado, presidente Humala, pues aun con su trayectoria militar usted es un presidente civil y democrático. Y nadie quiere que en nuestro país se vuelva a pronunciar la palabra “disolver”.
Esta kolumna fue escrita en Cajamarca el jueves 8 de diciembre, y publicada hoy día domingo, en La República. Entre esos dos días un terremoto político ha acontecido en las altas esferas del gobierno de Ollanta Humala: renunció el Premier Salomón Lerner y nombraron a Oscar Valdés. El “giro autoritario” que comentó acá se ha consolidado con este nombramiento. Hoy por la noche veremos quiénes son los nuevos ministros y qué podemos esperar de ellos.
Posted: diciembre 4th, 2011 | Author: Rocío Silva Santisteban
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Cajacho tocando su clarín (Foto de Juan Puelles).
Mi padre, quien amaba a su tierra con la racionalidad de un historiador y la pasión de un hijo único, solía decir que en la tierra del Cumbe había cajamarqueses, cajamarquinos y cajamarcudos. Él consideraba que había transitado los tres estadios, pero a su vez intentaba remolinarse en su condición de cajacho, que era como una cuarta versión que todo cajamarquino lleva en su núcleo duro.
Algunos periodistas limeños consideran que los pobladores que en estos momentos se han levantado contra el oprobio en las laderas de la laguna El Perol son, simplemente, cajamarcudos en estado puro, porque los perciben como borregos que siguen los lineamientos de los extremismos, de los rojos, de los ex terroristas, de los resentidos sociales ante el beneficio que la mina les ha dado a los otros, a los cajamarqueses. Estos “electarados” que reclaman por el derecho al agua son para Jaime de Althaus los artífices de un estado de terror y para Aldo Mariátegui los plausibles de ser comprados, porque “el billete es un bálsamo que calma a cualquier crispado. Repartan plata y verán cómo estos payasos extremistas se quedan solitos”. Así miran estos periodistas, con el color del cristal de sus metalizados ojos, la realidad nacional. Como dice Carlos Monge, es un discurso racista y clasista.
Estas palabras, más otras que explican la situación de los cajamarquinos a la terquedad del serrano o que incluso le reclaman al gobierno que declare “estado de emergencia y que entren las tropas”, exacerban aún más los ánimos adentro de la zona, pero lamentablemente se expanden por todas las ondas electromagnéticas y hertzianas del Perú. ¿Con qué tipo de irresponsabilidad nos estamos encontrando para que la opinión de cuatro limeños difundida a través de los megaparlantes de los medios caliente aún más a la indignada población?
Mientras escribo esta kolumna “jueves por la noche”, la situación está a punto de reventar y yo espero que el domingo, mientras usted la lee, los cajachos de corazón hayan permitido un espacio de diálogo a partir de una flexibilidad de esos 15 puntos rígidos. Un diálogo con las más altas autoridades del Estado. El dilema modernos vs atrasados es perverso e inmoral, pero ahora también lo es el oro vs el agua. No permitamos que el agua sea postergada por el oro ni que los inflados bolsillos de algunos inversionistas sean más rotundos que los vacíos bolsillos de miles de campesinos, pero tampoco podemos permitir que en la tierra de los cuismanco se produzca un “cajamarcazo”. Ollanta Humala no debe de emular la tesis del “perro del hortelano” e intentar que el Perú avance a sangre y fuego; pero, a pesar de que los indignados no tienen gravámenes ni óbolos voluntarios sino solo su vida para ofrecer, ¡no debe haber ni un muerto más por conflictos sociales!
Esta kolumna ha sido publicada en La República, hoy domingo 4 de diciembre, mientras el premier Salomón Lerner Ghitis establa diálogo con las autoridades y dirigentes de los campesinos cajamarquinos de La Encañada y demás zonas colindantes a las lagunas.
Posted: noviembre 27th, 2011 | Author: Rocío Silva Santisteban
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About: Rocío Silva-Santisteban Manrique (Lima, 1963)
Doctora en Literatura Hispánica por la Universidad de Boston, EE.UU, se graduó con la tesis "El Factor Asco. Basurización simbólica y discursos autoritarios en el Perú contemporáneo". También es magíster en Literatura Latinoamericana (Universidad Nacional Mayor de San Marcos), diplomada en Estudios de Género (Pontificia Universidad Católica) y bachiller en Derecho y Ciencias Políticas (Universidad de Lima). Ha publicado seis libros de poesía, uno de narrativa, uno de crítica cultural y ha compilado tres libros de ensayos (estudios culturales, género y literatura y el último de poesía). Actualmente es la Secretaria Ejecutiva de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos. Escribe semanalmente una columna de opinión para el diario La República.See Authors Posts (190) | Filed under: Kolumnas | Tags: izquierda, Ollanta Humala, opinión, Peru, Política | 6 Comments »

Esta caricatura de Carlín es de hoy domingo 27 de noviembre en La República.
¿Qué sucede con los proyectos políticos peruanos que, durante las campañas electorales, expanden sus banderas progresistas, medioambientales, de izquierda, pero una vez que suben al poder se acomodan en los acolchados dobleces de un discurso que defiende el statu quo político, ya sea extractivista, neoliberal o incluso autoritario? Para parafrasear el célebre tweet de Nadine Heredia, me pregunto ¿por qué es tan difícil andar izquierdo?
Creo que en el caso de este gobierno, a diferencia de los anteriores que fingieron una posición solo con un objetivo electorero (Alan García) o patearon el tablero por un pragmatismo autoritario (Alberto Fujimori), no se trata simplemente de “asumir a ese 20% que se sumó en la segunda vuelta electoral” y que no votó por el Plan de Gobierno original sino por la moderada Hoja de Ruta. Pienso que, una vez asumidas las riendas de este extraño tipo de Estado que tenemos (excesivamente burocrático, ausente donde debería de estar presente y demasiado presente en espacios donde debería ausentarse), los nuevos gobernantes reconocen necesidades, estrategias, hoyadas y vacíos que, frente al tablero de control, asustan y entonces es preferible virar ligeramente a la derecha y seguir manteniendo la velocidad de crucero de los gobiernos anteriores para no saltar con la cantidad de baches del camino, más aún en una situación de crisis internacional galopante y de ingresos nunca antes vistos en las arcas del Estado.
Sin embargo, esta posibilidad que va de la mano con las sonrisas placenteras de la Sociedad Peruana de Minería (aquella del spot de Oblitas, no lo olvidemos) y de algunos periodistas irracionales que alegan una epifanía de racionalidad del presidente (ellos, precisamente, los autores del neologismo “electarados”) está creando más desconfianza entre los pobladores campesinos, estudiantes, obreros, ambulantes, deambulantes, desempleados y toda suerte de ninguneados de nuestro país. Se trata de una nueva capa de desconfianza que se ajusta perfectamente a las miles de capas anteriores que, como pisos geológicos, se han venido sobreponiendo una a una con cada golpe de timón a la derecha.
“Total, ustedes me eligieron; si no hubieran votado por mí no estaría acá”, señaló el presidente de la República, Ollanta Humala Tasso, en la clausura del congreso de la Confederación de Campesinos del Perú-CCP el jueves pasado. Precisamente: ese es un punto de lucidez en el actual jefe de gobierno y no debe de perder esa brújula. Si está sentado ahí es porque todos sus electores (no electarados) apostaron por una nueva posibilidad de ser considerados –no solo incluidos– sobre todo sujetos de ciudadanía, de derechos, de peruanidad. ¿Es posible que los ninguneados del Perú aguanten, una vez más, otra arremetida contra sus propuestas para seguir aumentando los pisos ecológicos de la frustración y el desasosiego? Cuidado: como dijo un viejo poeta alemán, los pueblos se amodorran pero el Destino no deja que se duerman. Y ahora, nosotros, estamos con los ojos bien abiertos.
Esta kolumna ha sido publica en el suplemento Domingo de La República el 27 de noviembre.
Posted: noviembre 16th, 2011 | Author: Rocío Silva Santisteban
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Doctora en Literatura Hispánica por la Universidad de Boston, EE.UU, se graduó con la tesis "El Factor Asco. Basurización simbólica y discursos autoritarios en el Perú contemporáneo". También es magíster en Literatura Latinoamericana (Universidad Nacional Mayor de San Marcos), diplomada en Estudios de Género (Pontificia Universidad Católica) y bachiller en Derecho y Ciencias Políticas (Universidad de Lima). Ha publicado seis libros de poesía, uno de narrativa, uno de crítica cultural y ha compilado tres libros de ensayos (estudios culturales, género y literatura y el último de poesía). Actualmente es la Secretaria Ejecutiva de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos. Escribe semanalmente una columna de opinión para el diario La República.See Authors Posts (190) | Filed under: Kolumnas | Tags: agua, derechos humanos, medio ambiente, minera, Política, video | 2 Comments »

Laguna Yanacocha 1992

Laguna Yanacocha 2006
Sin duda es uno de los temas del presente y ya no del futuro: la escasez de aquello que los nuevos funcionarios y los periodistas holgazanes denominan “recurso hídrico”. El agua, las cabeceras de cuenca, las lagunas, los ríos, los puquiales: son precisamente los espacios donde empiezan los grandes conflictos sociales del Perú en la actualidad. No se trata de un tema nuevo: este fue el motivo por el cual los campesinos alrededor del cerro Quilish en Cajamarca, hace algunos años, se enfrentaron a las autoridades y a los directivos de Yanacocha. ¿Pero por qué aparece de nuevo? Por los embalses —nunca tan literario el sustantivo— de expectativas que tienen los campesinos y regantes sobre el tema específicamente, pero además, porque es un tema vital que nos debe interesar a absolutamente todos.
Ese ha sido el problema en Conga en Cajamarca; el problema de la laguna Parón en Áncash; el motivo del conflicto entre dos regiones por el proyecto Majes-Sihuas, en la frontera entre Cuzco y Arequipa, y ahora el de Andahuaylas que ha producido varios heridos, otros tantos funcionarios del Estado resguardados en la Comisaría y, sobre todo, una frustración tremenda de la Junta de Regantes porque los funcionarios les dijeron que no tenían “capacidad para negociar los pedidos exigidos por la población”. Es decir, el mismo cuento del gobierno anterior: el envío de funcionarios que, por más buena voluntad y empatía que tengan, si no tienen poder para asumir responsabilidades entonces la mecida es percibía con alevosía. En este caso me refiero a Andahuaylas. Pero hubo también una percepción negativa cuando uno de los funcionarios, por despiste o desatino, se regresó a Lima en el avión de la empresa que está en conflicto con la población (el ministro Herrera Descalzi se regresó en el avión de Yanacocha). En buena cuenta, a Ollanta Humala se le ha venido el huayco de los conflictos sociales embalsados, y todos con la misma necesidad, la protección del agua.
Por otro lado, tenemos a los empresarios de la Sociedad de Minería, entre otros, que sostienen que el agua nunca se acabará porque ante la desaparición de dos o más lagunas, se reemplazarán con reservorios. Así entonces los consabidos periodistas oficiosos nuevamente dicen que las quejas no tienen sentido y que se deben solo a la ignorancia de los que protestan (léase, electarados). Pero, francamente, ¿si se hacen cuatro reservorios que son más grandes que las dos lagunas que se secarán acaso la situación no mejora? “No estamos hablando de baldes de agua”, como bien dice Carlos Monge, “se trata de eco-sistemas: toda una serie de recursos naturales que crecen alrededor de las cuencas”. Hablamos de algo mucho más complejo que, además, atraviesa otros dos temas álgidos: la desconfianza que crece, tormentosa.
El presidente Humala sabe perfectamente de estas expectativas y, por eso mismo, se ha insistido tanto en la Ley de Consulta Previa, y ahora en su reglamentación. Lamentablemente la desconfianza ha crecido luego de que se destituyera a Vicente Otta (ex viceministro de interculturalidad), pero sobre todo a Raquel Yrrigoyen (ex Jefa del INDEPA), quien es una de las más importantes especialistas en pluralismo jurídico en América Latina y una persona que sí contaba “y cuenta” con la confianza de numerosas asociaciones indígenas y campesinas. Es decir, ahora los operadores del Estado que deben realizar la reglamentación y posteriormente la institucionalización indígena, tendrán que hilar fino con las asociaciones indígenas, para poder volver a ser confiables. Y lamentablemente, como sostiene Javier Torres, la reglamentación de la Consulta Previa no será la fuente de solución de todos los conflictos. Todavía queda mucha agua bajo el puente.
Esta kolumna ha sido publicada en La República el domingo 13 de Noviembre de 2011.